Los diez libros de Diógenes Laercio: Crantor

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
C R A N T O R.

 1. Crantor Solense, siendo ya admirado en su misma patria, se pasó a Atenas y oyó a Xenócrates en compañía de Polemón. Dejó hasta tres mil versos de Comentarios, de los cuales hay quien atribuye algunos a Arcesilao. Dicen que siendo preguntado por qué estaba tan prendado de Polemón, respondió: «Porque no he oído a otro más agudo ni grave». Hallándose enfermo, se fue al templo de Esculapio y paseaba allí. Concurrieron luego a él diferentes, creyendo que no estaba por enfermedad sino porque quería establecer allí escuela. Uno de éstos era Arcesilao, que pedía lo recomendase a Polemón, si bien era ya amigo suyo, como diremos cuando tratemos de Arcesilao. Y aun él, luego que sanó, se fue a oír a Polemón, por cuyo hecho fue muy admirado.

 2. Dícese que dejó sus bienes al mismo Arcesilao, y eran doce talentos; y que preguntado por éste dónde quería ser enterrado, dijo:

Conviene que volvamos
al seno de la tierra, nuestra amiga.

Dicen igualmente que escribió poemas; y habiéndolos sellado, los depositó en el templo de Minerva en su patria. El poeta Teeteto habla de él en esta forma:

Si agradaba a los hombres
Crantor, más a las musas agradaba.
Sin que la senectud fuese venida,
murió este varón santo. ¡Oh madre tierra,
recíbelo en tu gremio,
para que more allí tranquilamente!

Admiraba Crantor sobre todos a Homero y Eurípides; y decía que «era operoso el escribir con propiedad cosas trágicas y al mismo tiempo patéticas». Traía aquel verso del Belerofonte:

¡Ay de mí!... ¿Y por qué causa,
¡ay de mí!, padecido
hemos lo que padecen los mortales?

 3. Se dice que Antágoras asegura corren como de Crantor unos versos de cierto poeta, hechos al amor, y son éstos:

Tengo el ánimo en duda (pues ambiguo,
oh amor, el sexo tienes) si te agregue
a los eternos dioses,
hijos antiguamente del Erebo
y de la reina Noche, procreados
del dilatado Océano en las ondas;
o bien si te haga hijo
de Venus, de la Tierra, o de los Aires.
Tú, que vago y errante
con tu biforme cuerpo,
males y bienes causas a los hombres.

Tenía gran destreza en inventar nombres. Decía que el actor trágico tenía la voz sin acepillar y llena de corteza; que los versos de cierto poeta estaban llenos de polilla, que las Posiciones de Teofrasto estaban escritas con ostra. Su librito Del llanto es muy estimado. Murió de hidropesía antes que Polemón y Crates. Mis versos a él son:

Anégate, oh Crantor, pésimo morbo,
y al negro abismo de Plutón te baja;
ahora allí te gozas; pero viuda
queda de tus discursos la Academia,
y de ti para siempre sol tu patria.