Los diez libros de Diógenes Laercio: Stilpón

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S T I L P Ó N.

 1. Stilpón, natural de Megara en Grecia[1], fue discípulo de los discípulos de Euclides; bien que muchos dicen lo fue de Euclides mismo, y aun de Trasímaco Corintio, amigo de lctías, según afirma Heráclides. Se aventajó tanto a los demás en invención y elocuencia, que faltó poco para que toda Grecia megarizase[2] siguiendo sus dogmas. Filipo Megarense, hablando de su elocuencia, dice: «Arrancó de la escuela de Teofrasto a Metrodoro, teoremático[3], y a Timágoras de Gela; de la de Aristóteles Cirenaico a Clitarco y a Simias; de los dialécticos sacó a Peonio; de la escuela de Arístides a Dífilo Bosforiano y a Mirmeco Enetense, discípulos de Eufanto. Estos dos fueron a argüir con Stilpón, y quedaron sus más aficionados defensores.

 2. Fuera de éstos, atrajo a su secta a Frasidemo Peripatético, docto físico, y a Alcimo, el orador más hábil que entonces tenía Grecia. Llevóse también a Crates[4] con otros muchos, y a Zenón de Fenicia. Era muy político, y no obstante ser casado, tenía una concubina llamada Nicareta; así lo dice también Onetor. Tuvo una hija muy poco honesta, con la cual casó su familiar Simia Siracusano. Como no viviese recatada, dijo uno a Stilpón que su hija le servía de oprobio, a lo cual respondió: «No me será ella de tanto oprobio a mí como yo de honor a ella». Dicen que Tolomeo Sotero lo recibió bien y que, hecho ya dueño de Megara, le dio dinero y le instó a que navegase con él a Egipto; pero él, admitiendo sólo una parte de aquel dinero y excusando el viaje a Egipto, se retiró a Egina hasta que Tolomeo partiese de Megara.

 3. Cuando Demetrio, hijo de Antígono, tomó Megara, dejó libre la casa de Stilpón y le restituyó lo que se le había quitado en el saco de la ciudad. En esa ocasión, queriendo el rey le diese por escrito cuánto le habían quitado en el pillaje, le dijo: «Yo nada he perdido, pues nadie me ha quitado mi ciencia y poseo aún toda mi elocuencia y erudición». Amonestó asimismo al rey con tanta elegancia acerca de la beneficencia de los hombres, que el rey le obedeció. Refiérese que viendo la estatua de Minerva ejecutada por Fidias, hizo a uno esta pregunta: «Minerva, hija de Júpiter, ¿es dios?» Y diciéndole que sí, respondió: «Pero ésta no es hija de Júpiter, sino de Fidias». «Así es», respondió el preguntado. «Luego ésta, repuso Stilpón, no es dios». Habiendo por eso sido conducido al Areópago, dicen que no se excusó, antes se afirmó en que había hablado la verdad; pues «Minerva no es dios, sino diosa, y los dioses no son hembras». No obstante esta respuesta, los areopagitas le mandaron salir luego de Atenas, y Teodoro, el apodado dios[5], le dijo por burla: «¿Y de dónde sabe Stilpón que Minerva es hembra? ¿Acaso le ha levantado la ropa y lo ha visto?» Era realmente este Teodoro muy atrevido, y Stilpón muy elegante y agudo. Habiéndole preguntado Crates si los dioses se alegraban de ser venerados y rogados, dicen que respondió: «No me preguntes de esto en la calle, necio, sino cuando nos hallemos solos». Esto mismo, se dice, respondió Bión a uno que le preguntó si había dioses, diciendo:

¿Y tú por qué no apartas esas gentes
(oh viejo miserable) que nos cercan?

 4. Era Stilpón de un carácter sencillo y sin ficción alguna, acomodado a la propiedad. Habiendo en cierta ocasión hecho una pregunta a Crates Cínico, y éste, en lugar de respuesta, despidiese una ventosidad de su cuerpo, le dijo: «Ya sabía yo que todo lo habías de hablar, menos lo que conviene». También hizo Crates una pregunta a Stilpón, y dejó al mismo tiempo a su vista un higo seco; comióselo Stilpón al instante, y como Crates dijese: «¡Por Dios que he perdido mi higo!», respondió: «No sólo el higo, sino también la pregunta, cuya prenda era el higo». Viendo una vez a Crates aterido de frío, le dijo: «¡Oh Crates, paréceme que tienes falta de ropa nueva». Como si dijese: «De vestido y de juicio»[6]. Por esto, aunque avergonzado Crates, se le burló dos veces en estos versos:

Yo vi a Stilpón sufriendo graves penas
en Megara su patria, donde anida,
según refieren, el voraz Tifeo.
Allí lo vi altercando,
cercado de una turba de mancebos.
Ni enseñaba otra cosa
que una virtud falaz y de palabra.

 5. Dicen que en Atenas atrajo hacia sí de tal modo los hombres, que dejando sus oficinas, corrían a verlo; y a uno que le dijo: «¡Oh Stilpón, se admiran de verte como de un animal!», respondió: «No es así, sino de ver un verdadero hombre». Como era acérrimo en las controversias, negó las especies de las cosas, afirmando que lo que se decía del hombre de ninguno en particular se decía; pues «¿por qué había de ser éste y no aquél? Luego ni éste». Asimismo: «Si me muestras una hierba, diré que no lo es en especial; pues la hierba existía hace más de mil años; luego ésta que me muestras no es hierba». Dícese que estando con Crates, en mitad de la conversación corrió a comprar unos peces; y como Crates lo quisiese detener, diciéndole: «¿El hilo del discurso rompes?» «No», respondió Stilpón: «conmigo llevo el discurso; tú eres a quien dejo. Nuestra conversación no se va; mas las provisiones se venden».

 6. Corren de él nueve diálogos bastante fríos. Sus títulos son: Mosco, Aristipo, o sea, Calias, Tolomeo, Querécrates, Metrocles, Anaxímenes, Epígenes, A su hija, Aristóteles. Heráclides dice que Zenón, autor de la secta estoica, fue discípulo de Stilpón. Murió ya viejo, según dice Hermipo, habiendo antes bebido vino para morir más presto. Mi epigrama a él es el siguiente:

Vejez y enfermedad juntas cogieron
a Stilpón megarense: lo conoces.
Yunta infeliz por cierto entrambas hacen:
Mas él supo formar del vino puro
un cochero más ágil
que aquellas duras bigas[7].
Salió, pues de este mundo con beberlo.

 Motejó a Stilpón el cómico Sofilo[8] en el drama titulado Las nupcias, diciendo:

De Stilpón los ocultos pensamientos
son patentes discursos de Carino.

  1. Hubo otras tres o cuatro Megaras.
  2. Esto es, se hiciese de la secta megárica.
  3. Θεωρητιχό, aplicado a las especulaciones. Pero es probable la lección de Aldobrandini, que es Οεμηιταχνό, puesto que hubo secta filosófica llamada teórica.
  4. Hubo muchos de este nombre, como veremos en su vida. No sabemos si éste sería el que se fue con Stilpón; pero sí que fueron coetáneos.
  5. De este Teodoro se trató en los párrafos 14 y 15 de la vida de Aristipo; pero no se dice que llegase a ser aeropagita.
  6. Hay aquí un juego de palabras equívocas; pues χαίνοϋ genitivo de χαινος, significa nuevo, y χαίνθς significa y de juicio, como si se dijera satíricamente estás falto de ropa y de juicio o mente.
  7. Uso esta voz, aunque acaso nueva en nuestra lengua. Significa en latín un tiro de dos caballos; del mismo modo que usamos de la palabra cuádriga, también latina, para significar un tiro de cuatro caballos a la par.
  8. Acaso debiera leerse Dífilo en vez de Sofilo, pues entre las comedias de Sofilo, cuyos títulos trae Suidas, no se halla Las nupcias, y se halla citado por de Dífilo en Ateneo.