Los tres gauchos orientales

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Los tres gauchos orientales


Coloquio entre los paisanos Julián Giménez, Mauricio Baliente y José Centurión sobre la Revolución Oriental en circunstancias del desarme y pago del ejército


PERSONAJES
   
   
          JULIÁN GIMÉNEZ.  
          MAURICIO BALIENTE.  
          JOSÉ CENTURIÓN.  





 
JULIÁN GIMÉNEZ

 ¡Dios lo guarde! Ha madrugao    
 esta mañana aparcero,    
 ya tiene al juego un puchero    
 ¡y un churrasquito ensartao!    
 

MAURICIO BALIENTE

 Don Julián, ¿cómo le va,   
 de su cuerpo contra el suelo,    
 agarró el pájaro al vuelo    
 ¿qué anda haciendo por acá?   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 A visitarlo venía    
 pues nos van a licenciar,    
 y no me quiero marchar    
 sin que hablemos este día.   

 ¿Y usté cordial no Baliente,    
 pero siempre muy prolijo,    
 ¿a que tiene ya de fijo   
 también el agua caliente?    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 ¡Cuando nada me ha faltao,   
 soy gaucho muy albertido,    
 y como hombre prevenido    
 siempre estoy bien empilchao!  

 Arrime aquella carona    
 amigaso y siéntese,    
 si algo sabe, cuénteme    
 de esta paz tan comadrona.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ 

 ¡Como no, cuñao Baliente, 
 vaya usté ensillando el mate,    
 para que ansí mi gasnate    
 pueda correr delijente!    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Tratemos pues de matiar    
 ¿quiere dulce o cimarrón?   
 De los dos tengo ración    
 como poderlo agradar.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ

 No soy gaucho resongón    
 como usté guste aparcero,    
 pero pa elejir prefiero,  
 al amargo, el con terrón.    
 

MAURICIO BALIENTE

 La helada ha sido muy juerte    
 de campo no mudaremos,    
 ansí es mejor que prosiemos    
 de nuestra tan triste suerte.  
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Algo serio le he de hablar,    
 ponga el oído compañero,    
 que es bastante lastimero    
 lo que le quiero contar.    
 

MAURICIO BALIENTE 

 A su mancho aquí estoy   
 tiene pronta mi atención,    
 córrase más al fogón    
 porque a echarle leña voy.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 El guacho voy a largar    
 y oigame amigo Mauricio,  
 que es de este horrible desquicio
 lo que usté me va a escuchar.    

 Hoy de nuevo la Nación    
 vuelve a cerrarnos la puerta,    
 que sólo se encontró abierta   
 por nuestra revolución;    
 otra vez es la ocasión    
 de emigrar al extranjero,    
 esto por acá está fiero    
 pa el blanco puro y lial,   
 y como güen nacional    
 a otra tierra dirme quiero.    

 ¿Qué les importa a esa gente    
 nuestros grandes sacrificios,    
 o si hemos prestao servicios   
 a nuestra causa, fielmente?;    
 usté ha de estar bien corriente    
 con quien vamos a tratar,    
 y yo, como he de olvidar    
 a los que han muerto a mi hermano;   
 y antes de darles la mano    
 mejor me mando mudar.    

 Si amigaso don Mauricio    
 nos han engüelto y boliao,    
 lindaso nos ha pialao   
 el General Aparicio;    
 ya se acabó el sacrificio    
 y el desarme va a venir,    
 yo de acá quiero salir    
 de este enrriedo o barajusta,  
 y usté aparcero, si gusta    
 me puede tamién seguir.    

 Seis años de emigración    
 en suelo extraño tuvimos,    
 penurias, males, sufrimos  
 con grande risinación;    
 cuando vino la invasión    
 nos encontró decididos    
 y hoy desgraciaos y vendidos    
 cono hacienda por dinero,    
 volvemos al extranjero    
 dejando bienes queridos.   
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Don Julián, ansí es la suerte    
 fortuna o albercidá,    
 ¡unas veces gloria da   
 y otras veces da la muerte!    

 Yo una haciendita tenía    
 y un rancho de material;    
 la suerte de en par en par    
 tuitas seis huertas me abría.   

 Y sin mermar trabajaba,    
 pasando alegres los días,    
 ¡cuando yo me pensaría    
 que ansí mi suerte acababa!    

 Tuito, tuito se perdió   
 lo tuve que abandonar,    
 saqué lo que pude alzar    
 y a lo demás, dije adiós!    

 ¡La guerra se lo comió    
 y el rastro de lo que jue,  
 será lo que encontraré    
 cuando al pago caiga yo!    

 Y una prenda yo tenía,    
 su ricuerdo me entristece,    
 la vista se me humedece   
 al acordarme tuabía,    
 triste para mi jue el día    
 que tuve que separarme,    
 para dir a presientarme    
 a mi causa voluntario:  
 ¡siempre traigo el relicario    
 que ella medió al ausentarme!    

 La guerra cuñao siguió    
 y la que ansí me quería,    
 vivir sin mi no podía   
 y la pobre se murió;    
 dende entonces ando yo    
 echando al aire lamentos,    
 que son quejosos acentos    
 de un alma de amor partida;   
 que en esta tan triste vida    
 sólo encontró sufrimientos.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¡Ha sentido usté esa muerte!    
 El ricuerdo lo ha abatido,    
 está tristaso, aflijido  
 ¡que quiere cuñao! ¡la suerte!    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Don Julián, si usté sabiera    
 Lo que se sufre en amando,    
 ¡uno vive suspirando    
 aunque suspirar no quiera!   

 Ella es su prenda querida    
 ella es su sueño durmiendo,    
 sin ella vive sufriendo    
 sin ella ¡pa que es la vida!    

 Pero vamos a dejar   
 eso amigo, en la ocasión    
 yo no encuentro una razón    
 en lo que acaba de hablar,    
 lo he sentido a usté culpar    
 al General Aparicio,   
 el que tanto sacrificio    
 ha hecho dende la invasión;    
 voy a darle mi openión    
 y causa de este desquicio!    

 ¡Usté se acuerda, cuñao!   
 el suelo patrio pisamos,    
 y a poco andar lo golpiamos    
 a Frenedoso el mentao;    
 de allí juimos a otro lao    
 tierra adentro cabriolando,   
 de vez en cuando sentando    
 lindo la gama, aparcero;    
 es decir a lo certero    
 porque díbamos triunfando.    

 Y el que no aflojaba a uaides  
 en crudaso y terutero,    
 jue a golpiarse con su apero    
 hasta la gran Güenos Aires;    
 diciendo que por desaires    
 de su pago se había alsao;   
 mienta criollaso a otro lao,    
 cuente lo que ha sucedido,    
 que en el Rincón jue vencido    
 don Másimo y redotao.    

 Tamién con Carabajal  
 lindamente nos topamos,    
 ¡pucha digo! si lo arriamos    
 como yeguas a un corral;    
 y don Castro el General    
 nunca olvidará a Espuelitas,  
 pues le dimos tortas fritas    
 hasta que quedó atorao;    
 ¡ese día si he carchao    
 prendas de plata nuevitas!    

 Dispués vino Ceverino  
 allí rayamos los pingos;    
 que día de matar gringos    
 si era lansiar a lo fino:    
 ricuerda cuando se vino    
 aquel batallon a un flanco  
 que cargaba quepi blanco,    
 ahí si jue berenjenal    
 y vieron que el nacional    
 no había sido ni era manco. 
   
 En Mercedes, Corralito,   
 en Soriano, y en la Unión,    
 siempre y en tuita ocasión    
 sabimos pegarle al frito;    
 pero por Cristo bendito    
 se vino el dotorerio,    
 de bombilla y tinterio,    
 y ya empezó el barajuste,    
 sin que habiese más ajuste    
 peliaban po el poderío.
    
 Andaban como manada  
 los ases en esa Unión,    
 haciendo la división    
 y basa con la gauchada;    
 hasta con la muchachada    
 pueblera que había venido,  
 les hablaban de un bandido    
 tal o cual pa su interés;    
 ansí que dende esa vez    
 jue cayéndose el partido.    

 De allí templamos cuñao  
 pa con Suárez retozar,    
 cuando juimos a acordar    
 el pájaro había volao;    
 Se nos había eclisao    
 de la Sierra ese gilguero,  
 y hasta el Sauce compañero    
 no se nos quiso sentar:    
 ¡más vale no ricordar    
 lo que pasó allí aparcero!    

 Que retirarnos tuvimos   
 dispués de esa grande aición,    
 ese día la opinión    
 por casi, casi perdimos,    
 pero pronto nos golvimos    
 otra vez al gran montón,  
 y vivando a la Nación    
 estubimos disponidos,    
 pa peliar a los bandidos    
 con valor y decisión.    

 Ya se estaban desgranando  
 tinterillos delicaos,    
 y los de en silla, montaos    
 tamién se estaban sentando;    
 sólo nos juimos quedando    
 los güenos y parejitos,    
 lanciadores probaditos    
 y nada de entreveraos,    
 otra bez ansí cuñaos    
 nos juntamos los puritos. 
   
 Pero pa más estrupicio   
 los letraos se nos golvieron,    
 y ya tamién disunieron    
 a Munis con Aparicio;    
 ay empesaron su oficio    
 de entregas y plumería,   
 ansí que de día en día    
 la cosa se jue mermando,    
 y el patriotismo acabando    
 con esa ambición que había.
    
 ¡Don Julián! sólo un dotor   
 salió güeno y guapetón,    
 ese no afloja al botón    
 es letrao y escrebidor;    
 güen gaucho como el mejor    
 pa entreverarse en pelea,    
 su lansa remolinea    
 como culebra enojada;    
 siempre sale ensangrentada    
 ¡jue pucha! que colorea.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¡Que me bá a decir Baliente!  
 lo conosco de piapa;    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 ¡Pucha! nada se le escapa    
 conoce a tuita la gente.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Cómo no conocer yo    
 al Coronel más mentao,   
 que ande quiera que ha peliao    
 de siguro que triunfó!    
 Dolores, Tacuarembó,    
 Cuñapirú y los Queguays,    
 y en tuitas partes del país   
 Salvaña, es tan conocido,    
 como ese pasto estendido    
 que en tuita tierra echa rais.
    
 ¡Y qué mozo! da calor    
 verlo montao en su flete,  
 bien aperao y paquete    
 y peine para el amor;    
 tenía un bayo rayador    
 como benao de lijero,    
 siempre con él el primero    
 dentraba con bisarría,    
 ¡ay juna! daba alegría    
 el ver a ese compañero.   
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Aura si que me ha tirao    
 dos cuerpos en la carrera,  
 será por la vez primera    
 que otro me haiga aventajao.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Quien me ha ganao a prosiar    
 a bailarín ni a cantor,    
 ni a manates de mi flor   
 le he sabido recular.   
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Ansina yo me he esplicao    
 por la queja que usté dio,    
 no es el general, crealo    
 quien nos deja tan tiraos;  
 son unos cuantos letraos   
 mala plaga de este país,    
 que el diablo les diera mais    
 en vez de pluma y tintero;    
 o alfalfa de algún potrero   
 y otras yerbas, ¡e ainda mais!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Tamién medio portuguez    
 amigaso es por lo visto;    
 ¡no tiene nada de cristo    
 cuando canta alguna vez! 
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Ansí soy yo, dibertido,    
 pero cuando el lomo hincho,    
 ¡sambullo como el capucho    
 que de cerca es persiguido!    
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Tiene razón y no miente,  
 mejor habiéramos ido,    
 si nunca habiese venido    
 a enviedarnos esa gente;    
 que se llama inteligente    
 y nos quiere enbozalar,     
 para hacernos cabristiar    
 y servirles de estrumentos,    
 por que tienen el talento    
 de las lauchas pa uñatiar.    

 A la raya acérquese,    
 ¿que le gusta, paz o guerra,    
 o emigrar para otra tierra?    
 sin tapujo esplíquese;    
 bien se sabe, ya se ve,    
 la patria es mejor dejuro,   
 pero tamién le asiguro    
 que tranquilo no va a estar,    
 pues se lo van a limpiar    
 y yo, por eso me apuro.    

 Como quedar no va a haber  
 van a enlasarnos mansitos    
 y como a los corderitos    
 pialar nos han de querer;    
 conmigo no han de poder,    
 soy arisco pa promesas,     
 ¡que no me vengan con esas!    
 ¡Es falso ese oro aparcero!    
 ¡Enjaulen a otro jilguero,    
 no son para mí esas presas!    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Yo no sé que retrucar   
 estoy como un ay de mí,    
 es tanto lo que sufrí    
 que no sé ni ande dentrar:    
 ¡dese güelta! va a llegar    
 nuestro amigo Centurión,  
 de juro en esta ocasión    
 su parecer nos va a dar;    
 ¡llámelo! ¡se va a acercar    
 y paremos la atención!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¿Qué es eso don Centurión?  
 de largo pasa este día,    
 está la mañana fría    
 ¡alléguese a este fogón!    

 ¡Aprosímese a está yunta!    
 ¿Y como va ese valor?   
 véngase al calentador    
 y chupará por la punta.   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Aunque voy medio apurao    
 quiero acetarle el enbite,    
 pues ya he tomao el desquite  
 en lo mucho que he trotiao.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Está gordaso su flete!   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 ¡Como no, le doy gramilla,    
 pa que no afloje en la orquilla    
 si lo monta algún paquete!  
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¿Qué quiere decir usté?    
 ¡Ya lo piensa regalar!    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Me lo acaba de comprar    
 Pelais el de San José.    
 Como es gaucho paquetaso  
 le gusta ensillar güen pingo;    
 ¡pa montar ni es medio gringo    
 sino paisano amachaso!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¿Qué se dice por su cancha    
 qué tal está con la paz,  
 yo creo que es nada más    
 pa nuestra causa otra mancha?    
 

JOSÉ CENTURIÓN 
 
 ¡Déjemne, ya prosiaré    
 dispués de desenfrenar;    
 le voy la sincha a aflojar   
 que él pellisque, y yo hablaré!    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¿Tiene estaca?    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Y de mi flor,    
 ¡cuando yo ando desprovisto,    
 siempre tengo tuito listo  
 de la jerga al maniador!   

 Soy gaucho lindo y parejo    
 de bosal, laso y coyunda,    
 poco me enrriedo en la junda    
 de mi reborber ¡canejo!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Dejémonos de parola,    
 vamos al frito, que ya    
 estamos con ansiedá    
 pa que nos largue la bola.    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Que tienen para empinar   
 que el garguero está en ayuna,    
 dende que salió la luna    
 que no sé lo que es chupar;    
 mas hoy nos van a pagar    
 y las botas nos pondremos,  
 pucha ¡que le pegaremos    
 al trago fiero! ¡cuñaos!    
 Vamos a quedar mamaos,    
 porque ya la paz tendremos.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Sabe que es usté ladino,  
 no se cansa ni un momento;    
 ¡su lengua es el movimiento    
 de la rueda de un molino! 
   
 Si me hace acordar a un pion    
 estrangis que yo tenía, 
 era labia tuito el día    
 en su idomia aquel nación.    

 Y pa mi era una ceguera    
 sin poderlo remediar,    
 tuito se golvía hablar  
 que en su tierra rico era.    
 Que tenía allí que tanto    
 ¡trigo, mais, verdulería;    
 y pienso que si tenía    
 sería en el camposanto!   
 

JOSÉ CENTURIÓN 
 
 Y sabe que uste no mengua    
 ya andamos medios parejos,    
 nunca le faltan consejos    
 y sin pelos en la lengua.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Ya me tiró en la parada! 
 Pero lárguese por fin,    
 ¡No está oyendo este el clarín    
 que está tocando carniada!    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 ¡Tráiganse pues el porrón    
 que a flus no quiero quedar,  
 por la prenda he de empinar    
 que me roba el corazón!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¿Quién es la favorecida?   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Eso sí quiero contar;    
 ¡me gusta desembuchar   
 y hablarles de mi alma y vida!    

 Cuando juimos a la Unión    
 a sitiar Montebideo,    
 ¿recuerdan ustedes creo    
 que mandaba medio tristón?  
 Como no, mi corazón    
 del cuerpo se me saltó,    
 y tan juerte relinchó    
 como bagual sin bastera,    
 pialao por la vez primera  
 que un domador ensilló.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¿Pero por qué corcobiaba    
 tan juerte don Centurión,    
 desembuche la razón    
 de lo que ansí lo atristaba.  
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 ¡Saben que cuando un puñal    
 dentra con juerza en el pecho,    
 caí al suelo uno derecho    
 sintiendo un agudo mal!    

 El amor es como un tajo  
 que a fondo va al corazón,    
 si antes con prebisión    
 no le dice ¡aquí te atajo!
    
 ¡Y como podrá pararse    
 el tajo para librarlo,  
 si no se siente clavarlo    
 tampoco podrá quitarse! 
   
 ¡Pero cuando ve que aprieta,    
 usté se larga sin más;    
 ni vuelve la cara atrás   
 dejándolo al muy sotreta. 
   
 Pero siguiendo mi cuento    
 empriéstenme su atención,    
 sino esta linda ocasión    
 se la va a llevar el viento.  

 Cerca del Paso Durana    
 una manguera se hallaba,    
 y una quinta, donde estaba    
 la que ha sido mi tirana;    
 jui por allí un mañana   
 y oí un canto, ¡que si viera,    
 del Cielo creí que saliera    
 y haí no más paré la oreja    
 haciéndome comadreja,    
 me quedé oyendo de ajuera!  

 ¡Pero que tiernos lamentos!    
 ¡Qué tristesa! ¡qué aflición!    
 Si el más duro corazón    
 debiera sentir tormentos,    
 al escuchar los acentos  
 de aquella voz lastimera,    
 si alzar el vuelo pudiera    
 me le había emparejao,    
 y algo le habiese cantao    
 a esa mujer hechisera. 

 Dispués se salió a la puerta,    
 entonces más me almiré;    
 ¡le asiguro que quedé    
 con tamaña boca abierta!    

 ¡Qué brillantes rilumbrosos!  
 ¡Ni en el cielo las estrellas    
 alumbran nunca tan bellas    
 como la luz de sus ojos!    

 ¡Qué cutis! Dios nos dejara    
 como escarcha blanco era,   
 si hacerme pulga pudiera    
 lo sangre yo le chupara!    

 Otra también se salió    
 ¡madre mía! que gran cosa,    
 linda como mariposa  
 que en un rosal se perdió.    

 A dos más bide benir    
 de Cristo ya me pasaba,    
 ¿por qué de allí no templaba    
 quedrán ustedes decir?   

 ¡Es que estaba tan pegao    
 como la mugre a sus güesos!    
 ¡Como al tacaño los pesos!    
 ¡Como el engrudo colao!    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 Ya se nos volvió a ladiar   
 con su prosa compañero,    
 ¡sujete más el garguero    
 y deje de retozar!   

 La mugre aunque cosa fiera    
 siempre se puede lavar;   
 ¿y usté como va a sacar    
 del cuerpo su madriguera?   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Se equiboca mi criollaso    
 ni un tubiano yo ya tengo,    
 en este momento vengo   
 de darme un bailo amachaso.    

 Siguiendo mi rilasión,    
 otra salió ¡qué lucero!    
 más brilloso y hechicero    
 que aquel de la madrugada.   

 Ellas en mí se fijaron    
 y una a la otra dijo ansí;    
 ¡Qué andará haciendo po aquí    
 este moro, y me miraron!    

 ¿Cómo lo pasa, señor?   
 No gusta unté descansar,    
 puede a la sala pasar    
 ¿quiere hacernos tal honor?    

 Nada me hice del rogar    
 y el pellón le refalé  
 a mi flete, y lo dejé,    
 sujeto en un matorral. 
   
 Pero sin saber por qué,    
 ni en lo que en mí yo sentí,    
 sé que a las mosas seguí   
 y fue a la casa dentré.    

 Allí tuitas cariñosas    
 quién era yo, me dijieron,    
 y a una viejita trajieron    
 aquellas muy güenas mosas.   

 Sentada estaba y sufría    
 una grande enfermedá,    
 era el ritrato en verdá    
 de nuestra Virgen María.   

 La pobre me saludó  
 de güen modo y cariñosa,    
 había sido muy hermosa    
 en su mocedá, creo yo.    

 Muy mucho me agasajaron    
 y una tocó un estrumento;   
 ¡qué manos! qué movimiento    
 del tuito me intusiasmaron. 
   
 ¡Qué guitarra! ¡qué acordión!    
 ¡qué flauta! ¡ni qué pandero!    
 ¡Si aquello diba certero   
 al medio del corazón!    

 Otra de ellas me ofertó    
 colijo jue la cantora,    
 ¡una debisa dotora,    
 que bordadita me dio!   

 Dende entonces les tomé    
 pasión grande y hermanal,    
 amor puro y sin igual    
 que en mi pecho lo encerré.    

 No es ese amor quemador   
 como brasa que está ardiendo,    
 y tuito va consumiendo    
 con su juego matador.    

 ¡Es el amor que en el alma    
 suavesito va creciendo,  
 y nunca vamos perdiendo    
 por él, la paz ni la calma!
    
 ¡Es la pasión adorada    
 que tiene la flor de rosa,    
 cuando ve salir briosa  
 la aurora tan esperada!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Acabe no Centurión    
 que esa yerba ya ha cansao,    
 en tuabía usté no ha hablao    
 de la paz de esta ocasión!   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Tiene razón, pondré fin    
 al amor, penas, dolores,    
 ¡dejaremos esas flores    
 pa dentrar a otro jardín!    

 Aunque el amor y la guerra  
 son casi de un parecer,    
 nos hiere el uno sin ver    
 nos echa la otra por tierra.
    
 ¡Yo prefiero un entrevero    
 ande se pueda chusiar,  
 que con polleras peliar    
 para decirles te quiero!   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 No es cristo don Centurión    
 ¡ah grullo que ha pelechao,    
 el amor lo ha refinao   
 dele pues al pericón!   
 
 Vea si viene el mercachifle    
 de la caña, mi aparcero,    
 que hacer gárgara yo quiero,    
 y echar un poco en el chifle.  

 Yo no entiendo más pasión    
 ni más requiebros ni amores,    
 que respirar los olores    
 de jinebra un güen porrón.    

 ¡Ella pa mí es la razón!  
 ¡y el anís el sentimiento!    
 ¡el licor es mi lamento!    
 ¡y la caña el corazón!    
 

JOSÉ CENTURIÓN 
 
 Si el barbijo más aprieta,    
 don Julián hoy va a salir,  
 compositor de a pedir;   
 e intelijente pueta.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Ya me quieren engolver    
 no son lauchas pal menudo;    
 nunca naide pa mí pudo 
 ¡cuando el querer es poder!   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Óiganme, voy a empezar    
 lo que si ya les aviso,    
 que es más largo que chorizo    
 lo que quiero rilatar.  

 En mi puesto me encontraba    
 con un terne divertido,    
 pegándole decidido    
 a una jugada de taba;    
 cuando siento se acercaba  
 un soldao de polecía,    
 el que a dos laos se venía,    
 y hasta el cerco se allegó    
 sin tapujos, y me dio    
 un papel que me traía.   
  
 Lo mandaba el comisario    
 de nuestro pago el Minoano,    
 medio diablón el paisano    
 y pa los blancos corsario.    

 En el papel me decía,  
 amigo don Centurión,    
 es llegada la ocasión    
 de amostrarse en este día;    
 Aparicio y compañía    
 nos acaban de invadir,  
 apróntese pa venir,    
 limpie su lansa y el sable,    
 que mañana es muy probable    
 que en su busca hemos de dir.    

 Sin querer nada esperar  
 las pilchas a luz saqué,    
 el sable y muarra limpié    
 y me dispuse a marchar.    

 De un facón que tenía allí    
 y de tacuara una caña,  
 hice una lanza tamaña    
 poniéndole un tongorí.   
 
 Dejé el puesto al capataz    
 con la haciendita y el rancho;    
 y dije, ¡ya está el carancho  
 que se vengan los demás!    

 Me alzé con tuito mi apero,    
 freno rico y de coscojas,    
 riendas nuevitas en hoja    
 y trensadas con esmero;  
 linda carona de cuero    
 de vaca muy bien sobada,    
 jergas, bajeras, ni nada    
 de las carchas olvidé    
 hasta mi chapiao cargué   
 de pura plata labrada.    

 Copas, fiador y pretal    
 estribos y cabezadas,    
 con nuestras armas bordadas    
 de la gran Banda Oriental;  
 no he güelto a ver uno igual    
 recao tan lindo y paquete,    
 ¡ay juna! encima del flete    
 como un sol aquello era,    
 ni recordarlo quisiera   
 pa que ¡si es al santo cuete!    

 ¡Qué cojinillo llevaba!    
 de hilo puro y tan tupido,    
 para hacer un lindo nido    
 cuando la gente campaba;   
 y un poncho que me quedaba    
 de paño fino lo alcé,    
 al fin casi completó    
 del tuito mi pilcherío,    
 lo que si del platerío     
 otras cosas más saqué.   
 
 Mis espuelas macumbés,    
 mi rebenque con birolas,    
 rico facón, güenas bolas,    
 y linda manea, llevé;  
 para el tirador me alcé    
 diez pesos en plata blanca    
 pa llegar a cualquier banca,    
 pues soy medio jugador;    
 ¡no me arrolla ni el mejor   
 ni tengo la mano manca!    

 Monté un saino brasiador    
 pingo grande y parejito,    
 para andar muy asiadito    
 y bastante escarciador,   
 ¡su cuerpo daba calor!    
 y el herraje que llevaba    
 como la luna brillaba    
 en noche de escuridá;    
 yo con orgullo en verdá    
 en su lomo me sentaba.   
 
 A los tientos del recao    
 puse el poncho y até el laso,   
 tamién arreglé de paso    
 un maniador muy sobao,  
 con presillas, bien cortao    
 estacas, y una maceta,    
 tuito sampé en mi maleta,    
 y además até al bozal    
 una mordaza oriental  
 bien hechita y muy paqueta.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Amigo don Centurión    
 ¿pa tantas pilchas colijo,    
 llevaría usté de fijo    
 carguero con tal montón.  
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 En la vida andar tirando    
 me ha gustao un mancarrón;    
 y menos en la ocasión    
 llevar uno cabristiando.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 Vamos dejuro aparcero  
 a tarjarle el chiripá,    
 tantas tarjas tiene ya    
 que se parece a un arnero.    
 No se empaca pa contar    
 ni es lerdo en la rilasión,   
 ya va largo el pericón    
 acabe pues de prosiar.    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 ¡Ya le albertí antes de ahora   
 que el petardo era largaso,    
 como tres tiros de laso,  
 y una consulta dotora!    
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Si siempre tiene salidas    
 este fantasma embrujao;    
 hasta a el diablo lo hace a un lao    
 con tan juertes embestidas.  
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Ansina soy, y seré    
 ansina marcho viviendo,    
 el mesmo seguiré siendo    
 y el mesmito moriré.    
 Pero no corten la hilada  
 de la historia que seguía,    
 sino ni basta este día    
 pa que se quede acabada.    
 Me salí de aquel tirón    
 con tantas prendas de plata,   
 que del cogote a la pata    
 era un vivo rilumbrón.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 Usté va a sacar de aquí    
 más de veinte rajaduras,    
 tarjas y melladuras  
 si sigue prosiando ansí.    
 ¡Si no quedará esquilmao    
 pa mentir don Centurión!    
 ¡que labia al santo botón,    
 va pareciendo un letrao!   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 No soy criollo de esa gente    
 llamada letra menuda,    
 pero usté no ponga duda    
 que soy gaucho entiligente.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¿Cómo es eso amigo Mauricio?   
 Como su labia sujeta,   
 ¡haber pues tamién si aprieta    
 o habrá ya dejao el vicio.   
 

MAURICIO BALIENTE 
 
 ¡Cuando diantre yo he apretao!
 Siempre me gusta escuchar,   
 y dispués que oigo prosiar    
 abro entonces mi candao.   
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 ¡Con que quedrá ser alcalde    
 pero su ley será poca!   
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Me gusta verle la boca   
 cuando quiere hacer alarde.    
 Denle duro al mancarrón    
 que no afloje en lo parlero,    
 en tanto que yo el puchero    
 voy a sacar del fogón.     
 ¡pucha! que esta espumadito,    
 ¡qué churrasco bien asao,    
 córranse para este lao    
 y corten del calientito.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ 
 
 ¡Si este Baliente, es matarse!  
 Pa tuito tiene albertencia,    
 y una grande conocencia    
 pa siempre desempeñarse.    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 ¡Están hablando de hambre    
 y quieren que los combiden;  
 de los que ni dan ni piden    
 es este rico matambre.    
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Y yo que no me iba a piar    
 ¡pucha! sonso habiese sido,    
 porque me habiera perdido  
 poder de arriba embuchar.    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 ¡Qué don José, tan diablón    
 siempre tiene dicharachos,    
 y algunos dentres amachos    
 pa chantar cada ocasión!  
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 El puchero y el asao    
 hay de juro que asentar,    
 ¿quién me quiere convidar    
 con un negro bien armao?    
 

MAURICIO BALIENTE
 
 Cigarro le voy a dar  
 pero si quiere ármelo,    
 porque este lo arreglo yo    
 a mi modo de pitar.    
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 En la comida perdimos    
 nuestra gran conversación.  
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Voy a limpiar mi facón    
 y ya otra vez la seguimos.    
 Siguiendo la rilasión    
 salió mi flete escarsiando,    
 y yo una copla cantando  
 de la guerra al pericón;    
 la pierna en esa ocasión    
 lindamente me gustaba,    
 y hasta el saino relinchaba    
 de contento, créamelo;     
 por eso colijo yo    
 que el batuque le agradaba.    

 Un tiro largo, trotié    
 pa de paso visitar,    
 un viejaso melitar  
 en la barra del Cufré;    
 cuando a la estancia llegué    
 con gusto me recibieron,    
 y desencillar me hicieron    
 pa que mi flete pastiara;   
 y ya sin finas que dentrara    
 entre tuitos me dijieron.   
 
 Pregunté por mi tocayo,    
 y mi comadre me dijo,    
 que había ensillao de fijo  
 al primer canto de gallo;    
 llevando el mejor caballo    
 que en su tropilla tenía,    
 pa llegar con sol tuabía    
 a la estancia de Carrión,     
 ande había una riunión    
 de blancos para ese día.    

 Entonces me dio pesar    
 y quedé medio tristaso    
 ella me dijo de paso   
 lo que yo voy a contar.
    
 Compadre don Centurión,    
 esto en confianza le digo    
 yo sé que usté es nuestro amigo    
 y no nos hará traición;  
 a más es de la opinión    
 y por eso le he albertido,    
 pa que quede prevenido    
 que Aparicio ya invadió,    
 y mi marido marchó    
 a riunirse a su partido.    

 ¡Pobre viejo mi tocayo    
 siempre guapo y tan patriota,
 no andaba espiando a la sota    
 para ensillar su caballo!     
 

JULIÁN GIMÉNEZ
 
 En los juegos de la tierra    
 hay que andar muy delijentes,    
 no hacen basa los suplentes    
 en los naipes de la guerra.   
 

JOSÉ CENTURIÓN
 
 Otro paisano llegó  
 con el pingo muy sudao,    
 y venía tan trasijao    
 que al llegar se le aplastó;    
 uno pa mudar pidió,    
 se echó al corral la manada,  
 y a la primer reboliada    
 un oberito enlasó,    
 ahí mesmito lo sentó    
 de una solo rastrillada.    
 Forastero ser debía  
 de un pago medio lejaso,    
 pues preguntó por el paso    
 que más cerquita estaría;    
 diciéndonos que tenía    
 de dirse, gran presición,  
 de baqueano en la ocasión    
 me oferté para endilgarlo,    
 y en la picada dejarlo    
 a seguir su comisión.    

 Yo me fijé en el apero,  
 sencillito, y sin chapiao,    
 eso sí, poncho forrao    
 como para un aguacero,  
 un facón muy terutero    
 le bide yo de un gataso,  
 y un pistolón trabucaso    
 de su cintura colgaba;    
 en guascas no le faltaba    
 dende los tientos al laso.    
 Mi comadre lo embitó   
 pa que un rato descansase,    
 y un matesito tomase    
 que aunque de priesa acetó.    
 Comenzamos a prosiar,    
 y del paso le abisé,    
 que estaba muy bola a pie    
 y difícil de pasar;    
 más que lo diba a llevar    
 a una picada matrera    
 en donde pasar pudiera,   
 si él me quería endilgar    
 pa que rumbo iva a tirar    
 si curiosidá no era.    

 Como el apero me vio    
 el sable, trabuco y lansa,   
 Colijo, que gran confiansa    
 no tuvo, y me receló;    
 Ansí lo malicié yo,    
 y le dije, mi aparcero    
 usté de acá es forastero   
 pero entre amigos está,    
 tal vez no conocerá    
 otra cosa compañero.    

 De la orilla del Cufré    
 a la más alta cuchilla,  
 naide lo afrenta ni humilla    
 a este gaucho que usté ve;    
 he sido, y siempre seré    
 el taita entre los de aquí;    
 pero siempre fiel le jui   
 al que de amigo le hablé;    
 y de hoy suyo lo seré    
 ¡y esos cinco deme a mí! 
   
 Ande quiera es Centurión    
 amigo de sus amigos,   
 terror de los enemigos    
 y criollaso de riunión;    
 no soy manso pa el facón    
 y lo que es pa barajar,    
 como pulga en el picar  
 de listo, soy rajacuero;    
 y pa más, soy el puestero    
 del estrangis más bosal.
    
 Don Fruto me retrucó    
 con voz rellena y muy juerte,   
 ¡alabo mucho su suerte    
 y sépase quién soy yo!    

 Me llamo Fruto de nombre    
 y Costa de apelativo,    
 de gaucho guapo y altivo  
 tengo en mi pago renombre,    
 le asiguro que no hay hombre    
 más mentao en el Chaná,    
 ni la mesma autoridá,    
 me lleva con el encuentro,  
 ellos saben que ande dentro    
 respetao tuito será.    

 Aunque me ve medio viejo    
 tamién me gusta el amor,    
 y soy pa compositor   
 peine que ni liendres dejo;    
 en tuito yo soy parejo    
 soy gauchaso y soy dotor,    
 pa bailar soy volador    
 y en el eje soy lijero,   
 ¡es al fin un terutero,    
 don Costa, su servidor!    

 Y ya que nos relinchamos    
 ¿vamos a desembuchar?    
 Si se quiere emparejar  
 de esta cancha nos ladiamos.    
 Con tapujos jamás ando    
 y ande quiera decensillo;    
 ¡ni me engüelbo en el obillo    
 y tuito a guardar lo mando!   

 ¡Con qué don Fruto sea franco    
 ahí mesmo le pregunté;    
 ¿De que opinión es usté,    
 será colorao o blanco?    

 Aunque el viejo era matrero,   
 me dijo, le tengo fe,    
 y ahora mesmo empesaré    
 ¡y ansí se vino al pandero!    
 Usté me parece lial    
 amigo don Centurión,   
 ¡voy a abrirle el corazón    
 como lo hace el Oriental! 
   
 Paisano soy y he de ser,    
 y de la blanca debisa,    
 no es bordada, sino lisa  
 pero la sé defender;    
 ande quiera lo hago ver,    
 y ahora voy a la riunión    
 a ofertar a mi opinión    
 este brazo en su servicio,   
 para ayudar a Aparicio,    
 en su gran rebolución.    

 ¡De este compinche la mano    
 que la apriete usté yo quiero,    
 de hoy más tiene un compañero   
 para peliar al tirano!    
 Nunca José Centurión    
 pelió contra su partido,    
 jue siempre muy decidido    
 pa ayudar a su opinión;   
 ya que empieza el pericón    
 para el frito nos iremos,    
 y allí juntos bailaremos,    
 vamos pues a presientarnos,    
 y ante Aparicio mostrarnos  
 que recibidos seremos.    

 ¡Y eché al diablo al comisario    
 que la carta me escribió,    
 pa mi causa me iva yo    
 como blanco partidario!   
 Y a don Fruto le conté    
 del cristo que me escribió,    
 muy mucho lo dibertió    
 el modo que lo engañé.    
 A esas horas ya la cruz   
 de juro que me habría echao    
 lo había al sonso madrugao,    
 ¡y con patas de avestruz! 
   
 Seguimos siempre marchando    
 en un bajo, y por la orilla,   
 de una machasa cuchilla    
 la que estábamos costiando;    
 cerca digamos llegando    
 a una estancia y pulpería;    
 el hambre nos perseguía   
 y era tiempo de embuchar,    
 allí fuimos a buscar    
 por si algo pronto tenía. 
   
 ¡Llegamos a la ramada    
 de la esquina o del boliche,   
 pedí al pulpero un espiche    
 pa tomar la convidada!    

 ¡Jue pucha! que mostrador    
 pintao de negro por junto    
 ¡como cajón de dijunto   
 de tamañaso grandor!    

 ¡Y qué le parece hermano!    
 Le dije, ¿hay que churrasquiar?    
 Aber patrón nos va a abiar    
 con algo que tenga a mano.  
 Sino, es cosa de un ratito    
 armarnos de un asador,    
 de ese membrillo cantor    
 y chantarle un churrasquito.    
 Que entre los gauchos cumplidos,   
 pocas güeltas debe haber,    
 pedir, pagar, y querer    
 son siempre güenos partidos.    
 Pero el gringo no era lerdo,    
 y no se enredó en las cuartas,     
 pronto llegó con dos sartas    
 de chorizos, ¡puro cerdo!    

 Ansí me gusta amigaso    
 usté está bien engrasao,    
 de juro ha de estar sobao   
 en la mordasa de un laso.   
 
 Les asiguro en verdá    
 que don Fruto era parlero,    
 como loro barranquero    
 de primera calida.