Mi estrella y mis ensueños

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Almanaque del espiritismo (1873)
Mi estrella y mis ensueños
 de E. Ruiz.

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

MI ESTRELLA Y MIS ENSUEÑOS.

En una de esas horas de letargo y atonía en que la mirada estraviada vaga sin ver y el alma soñolienta descansa en perezosa inaccion, he creido se dibujaba alla en apartados horizontes, llenando los espacios, ángel gigantesco de esplendente luz, cuya frente adornaba radiosa corona con este sagrado lema «Espiritismo.» Su mano de purísimas formas oprimía contra su corazon esta palabra escrita con letras de fuego: . Tan fascinador fantasma apenas se hizo visible, cuando estendió sus inmensas alas de oro, y rápido mas que el rayo, recorrió distancias infinitas, dejándome de sí rastro argentino, brillante estela de su raudo vuelo. El ángel disminuyó sus proporciones a medida que se alejaba; perdió más tarde sus forman y cual estrella fija clavóse en las celestes alturas tachonando el firmamento.

Desde entonces, me hallo influido por mortal decaimiento; si, el alma sumergida en tenebrosa soledad se estremece al recuerdo de terrenales martirios y el corazon, hundido en doloroso éxtasis parece oscilar con lentitud penosa, agolpándose á los párpados lágrimas de pesar y a los labios ímpias quejas; mis ojos se vuelven a esa protectora estrella y en sus refulgentes destellos aspiro ¡In mundo de consuelos, siendo su vista cordial que reanima mis abatimientos e infunde á mi alma. nuevas fuerzas para continuar mi callo de amargura, suplicio ¡»mundo por la muerte, preciso, fatal desenlace del drama de la vida.

Despierto o dormido, ya el Sol con su fuego matice los espacios, bien la luna bañe con en blanca luz el firmamento; ora el denso crespon de oscura noche envuelve con sus negras sombras el universo, mi benéfica estrella luce brillante, esplendorosa; refulgente y penetrando las densas paredes de mi habitacion se fija en mis ojos aún cerrados y vibra siempre en mis pupilas para enviar al alma sus dulces destellos.

Angel de imperecederos consuelos, creo ver en tu inestinguible luz la imágen del ser querido que toma activa parte en esta existencia que guia y conduce evitandola amorosa los escollos, endulzando solícita sus dolores y prestando diligente, cual tierna madre, sus cuidados al espíritu desolado en su azarosa ruta.

Cuando el cenagoso oleaje de las pasiones se subleva, cuando la soberbia ofusca la razon hasta humillarla, cuando el letal veneno de los desordenados apatitos perturba nuestro ser arrojándolo en las convulsiones afrentosas del vicio, cuando el bien velado por el violento delirio de impetus desgarradores impotentes á dominarlos, cuando el corazon ulceredo por el desengaño nos estimula á inclinaciones perversas, cuando la gangrena de la carne en su corrosiva glotonería intenta corrompernos, cuando las sacudidas ásperas del vicio nos violontan al mal, cuando un eco rencoroso repelente en nuestro corazon para enconarnos en la agena desdicha, cuando el enojo se apodera de nuestro macilento espíritu; volvamos la mirada al firmamento, busquemos nuestra radiosa y vigilante estrella, imágen del ser idolatrado que nos tutela y su amorosa luz estinguirá dolores mortales, pasiones denigrantes apetitos vergonzosos, inclinaciones perversas, deseos torpes, hastíos y tedios indignos.

Ese punto que centellea en el fondo azul de los cielos y que atrae al alma sentimientos suaves, apartando del corazon la escoria de nuestros negros efectos, es la madre cariñosa, la esposa amante, el amigo tierno, todo aquel ser querido, lazo terrenal nunca ni aun en la muerte roto, hay en las etéreas mansiones vigilante afectuoso de nuestros actos, alivio ignorado en nuestras aflicciones, consejero jamás visto pero presente siempre en nuestras dudas y vacilaciones, cuando con verdadera fé desde el fondo de los corazones le buscamos y a su amparo nos acogemos.

Faro celestial de mi peregrinacion, sol de mi lóbrega existencia, manantial de purísimos consuelos, estrella bienhechora, yo te saludo.

E. Ruiz.