Motivos de Proteo: 034

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda


XXXIII - Momentos proféticos.[editar]

Para quien siente en sí la necesidad de una reforma íntima; para quien ha menester quebrantar el hábito o inclinación que tiene bajo yugo a su personalidad moral; para quien ve agotadas las energías que de sí mismo conoce, lo complejo y variable de nuestra naturaleza es prenda de esperanza, es promesa dichosa de levante y regeneración. Porque, supuesto cierto poder avizorador y directivo de la voluntad para contener o alentar los movimientos de esa espontaneidad infinita, es a ellos a quien se debe que seamos capaces de libertarnos y de renovarnos. Cada una de las desviaciones o disonancias de un momento: ráfaga de entusiasmo que calienta el ambiente de una vida apática; acierto o intuición que rasga las sombras de una mente oscura y torpe; vena de alegría que brota en un vasto erial de horas tristes; inspiración benéfica que interrumpe la unidad de una existencia consagrada al mal: cada una de estas desviaciones de un momento, es como un claro que se abre de improviso sobre un horizonte de bonanza, y ofrece, para la reacción redentora de la voluntad, un punto de partida posible. Observar y utilizar tales disonancias, es resorte maestro en la obra del cultivo propio. Y aun cuando la atención y la voluntad no detengan ante ellas el paso... La veleidad dichosa, el momento rebelde, se pierden entonces en el olvido y la sombra, y se reanuda el tenor usual de existencia. -¿Es que han pasado para no volver?-. ¡Quién sabe! ¡Cuántas veces han vuelto...; han vuelto de esa profundidad ignorada de uno mismo, donde vagaron por misteriosos rumbos; y su reaparición no ha sido sólo el eco que vanamente suena en la memoria, ni nueva veleidad que anima el soplo de un instante, sino ya impulso eficaz, voluntad firme y duradera, nuncio de redención, aurora de nueva vida!

Las más hondas transformaciones morales suelen anunciarse, muy antes de llegar, por uno de estos momentos que no dejan más huella que un relámpago, y que confundimos con la muchedumbre de nuestras efímeras inconsecuencias: oscuro y desconocido precursor, profeta sin signo visible, que pasa, allá adentro, envuelto en la corriente del vulgo.


◄   XXXII
XXXIV   ►