Motivos de Proteo: 038

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XXXVII - Semillas que desdeña el árbol.[editar]

Imaginemos en el árbol a punto de dar fruto, una personalidad, una conciencia. La conciencia del árbol escoge entre las semillas que promete la madurez de la flor; y predestina, las unas, a perderse; las otras, a mantener y dilatar en torno suyo su casta. Al lugar de estas últimas hace afluir, con exquisito esmero, lo mejor de la savia, la más delicada industria de la fuerza vital, para tejer al germen escogido cubierta que le abrigue y proteja. Elabora fuerte y acabada semilla; la rodea primorosamente de la carne del fruto. De esta manera piensa haber asegurado el logro de aquel germen, en que fía su esperanza de inmortalidad; mientras los otros, que olvida y desampara, sólo adquieren, por inercia o costumbre de las fuerzas del árbol, débiles y mal provistas envolturas. Pero no es sólo el adecuado acondicionamiento del germen lo que determina sus probabilidades de lograrse: acaso el fruto donde se esconde el germen preferido, es arrancado del árbol por una mano codiciosa, o acaso se deposita la semilla de ese fruto en tierra ingrata; mientras el aire, con su soplo, recoge del suelo la semilla desprendida del fruto abandonado y mal hecho, y la lleva adonde ella encuentre tierra propicia, y abrigo y humedad, que acojan amorosamente al germen desheredado por el árbol y erijan, en aquel sitio, el árbol nuevo; quizá la selva, con el transcurso de los años. Estas semillas, obra de la fuerza inconsciente de mi árbol, y objeto para él de menosprecio y abandono, significan los actos que, cada día de nuestra existencia, realizamos automática o negligentemente y sin ninguna idea de sus vuelos posibles. Apuramos los recursos de nuestra intención para asegurar la eficacia de actos en que ciframos nuestros anhelos y esperanzas; desdeñamos los otros. Pero todo acto tiene entrañado un germen invisible; en todos ellos se encierra el punto vital, minúsculo diseño de la planta futura. El viento, el polvo, el agua, el séquito oficioso de la fatal Naturaleza, deciden de la suerte de las semillas descuidadas, que pueden ser vanos despojos; que pueden ser la selva ingente... ¿A cuál de las semillas estará vinculado, en su nacer, el nuevo árbol? ¿Con qué acto mío arrojo, quizá, al viento que pasa, el germen de mi porvenir?


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