Motivos de Proteo: 057

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Motivos de Proteo de José Enrique Rodó


LVI - El anch'io que obra por contraste. «Si tú a la izquierda, yo a la derecha».[editar]

El anch'io es, pues, gran provocador de vocaciones; pero no ha de entendérsele de modo que implique siempre imitación estricta de la obra o el autor de quienes viene el ejemplo. El carácter constante en el anch'io es la emulación que excita al ejercicio de una cierta aptitud. Por lo demás, dentro de esa amplia semejanza, frecuentemente ocurre (y tanto más cuando se trate, no ya de descubrir la aptitud, sino de encauzarla y darla dirección definida), que un deseo de contraste respecto de las obras ajenas; un estímulo en el sentido de hacer cosa de algún modo divergente u opuesta a la que ha valido en el triunfo de otros, sean la energía que interviene para fecundar la vocación.

Esta diferencia que se apetece y busca puede referirse, ya al género que se ha de usufructuar, dentro de un mismo arte o general manifestación de la actividad; ya a las ideas que han de tomarse por bandera; ya a las condiciones de estilo cuya perfección se anhela llevar a su más alto grado. Frecuente es el hecho de que la excelsa superioridad alcanzada por un grande espíritu en cierto género de arte o literatura, mueva a otro que lo cultivaba a desistir de él y a igualar esa gloria mediante el cultivo de un distinto género, en el cual se define dichosamente su vocación, la que, a no ser por este benéfico prurito de diferenciarse, no hubiera tal vez pasado de la relativa inferioridad en que quedó dentro de su aplicación primera. Cuando el estrépito triunfal de las comedias de Lope llenó los ámbitos de la escena, Cervantes deja la pluma de Los tratos de Argel y la Numancia, con que soñó fijar rumbos al teatro; y la pluma que en adelante maneja es la de Cide Hamete Benengeli. Este caso no es único. Walter Scott comenzó por las leyendas en verso, a la manera del Marmión y La Dama del lago; pero cuando Byron surgió, y de un vuelo fulgurante tomó la cumbre poética, Walter Scott abandonó el camino por donde marchaba a ocuparla, y buscó conquistar una superioridad semejante en la prosa: resolución que significó, para él, el hallazgo de su vocación definitiva y esencial, y para la literatura, el florecimiento de la novela histórica. Ni es otro el caso de Herculano, el gran historiador y novelista portugués, que abandonó la forma versificada por la prosa, donde debía encontrar su verdadero e indisputado dominio, cuando los ruidosos triunfos de Garret le decepcionaron de obscurecerle en cuanto poeta.

La fisonomía y el carácter de la obra; sus condiciones de ejecución, de estilo, de gusto, se determinan, con igual frecuencia, por un espíritu de contradicción. El recién llegado dice al que vino antes que él, como Abraham a Lot: «Si tú a la izquierda, yo a la derecha». La reacción contra la molicie y languidez de los versos de Metastasio, extrema la severidad y estoicismo del estilo de Alfieri. El deliberado pensamiento de quitar la palma al Caravaggio valiéndose de una manera de pintar que sea la viva oposición de la ruda y fogosa que caracterizó al maestro de Bérgamo, da a Guido Reni la norma definitiva de su arte. Y cuando llega el turno, Leonello Spada, herido en su vanidad de principiante por desdeñosas burlas de Guido, se estimula a sí propio con la idea de humillar un día al burlador, arrebatándole, no sólo la preeminencia de la fama, sino también la boga de los procedimientos. Si Guido triunfa por delicado, correcto y primoroso -se dijo Leonello-, yo triunfaré por violento y atrevido.

Para el arranque innovador de los grandes reformadores, de los grandes iconoclastas, de cuantos abren vías nuevas al sentimiento o la razón, este acicate que consiste en la tentación de negar al dominador para emularlo, obra más de lo que parece; y concurre a explicarse por él la persistencia del ritmo en las fases sucesivas del pensamiento humano.

Hubo, sin duda, convicción sincera, sentido hondo de las oportunidades de su tiempo, sugestión poderosísima del temperamento propio, en la iniciativa revolucionaria de Zola; pero ¿cuánto no auxilió, seguramente, a esos motivos, para extremar el carácter de su reforma y los procedimientos de su arte, la ambición de emular la gloria de los grandes románticos por la eficacia de una originalidad opuesta; de una originalidad con relación a la cual la novela de Jorge Sand y Víctor Hugo fuera como un modelo negativo?

En la vía que el genio escoge para llegar a la gloria que ve lucir, lograda por ya sabidos rumbos, en derredor del nombre de otros, suele reaparecer triunfalmente la paradoja del Descubridor, que se propuso hallar camino para las tierras de donde el sol se levanta, yendo hacia donde el sol se pone.


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