Ocho Millones

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Esta página forma parte de los Documentos históricos contenidos en Wikisource.



<< Autor: José Batlle y Ordóñez


28 de noviembre de 1891 , EL DIA

Editorial

OCHO MILLONES


La nueva dada por El Día de que alguien se disponía á importar al país la considerable suma de ocho millones de pesos oro, desarrugó todos los rostros, - los rostros de los partidarios de este metal, y los partidarios del papel. Era natural. Los partidarios del papel son también oristas, y se guardarían, como de cometer un delito, de no aceptar una tan hermosa cantidad por simple espíritu de escuela. La diferencia está en que unos quieren el oro á toda costa, sin reparar en que habrá que devolverlo con creces mañana en intereses y amortizaciones; y otros, lo quieren , no prestado, sino ganado ,para lo cual desean que el país trabaje con sus recursos propios, haciéndose el mismo para sus usos la moneda que necesita.

En el país hay valores; hay fortunas inmovilizadas en tierras, en edificaciones, en industrias; lo que no hay es un medio circulante que las represente, haciendo posibles y fáciles las transacciones civiles y comerciales; lo que no hay es moneda. Juan debe $10.000 –por ejemplo-, y posee una finca que quiere vender para saldar su deuda. Pedro acaudalado propietario, daría hasta $15.000 de buena gana por esa finca. Vendería alguna de sus tierras para adquirirla. Pero se presenta una dificultad; hay muchas personas que poseen bienes; ninguna se encuentra que tenga reunido el dinero que se necesita. Resultado: Juan no puede vender su finca y cuando vence el plazo es ejecutado, ejecutado verdaderamente, porque se le reduce á la miseria, lo que es algo así como quitar la vida á un hombre. La finca se vende por menos de nada ¿Quién compra? ¿ Quién hace esa pichincha sobre aquel sacrificio? Un ser raro, un ser que tiene moneda, un orista, que se va encontrando mejor á medida que la ruina del país es más grande porque cada vez va comprando más barato! Es claro que se opondrá á toda medida que pueda modificar una situación para él tan propicia!

En tanto el problema se plantea con una claridad que deslumbra. Así como las calles, los caminos, los ferro-carriles, las embarcaciones son indispensables para la locomoción de los hombres y de los objetos, la moneda es indispensable para el cambio de los servicios y de los productos. En Montevideo , por ejemplo, hay muchos y muchos millones acumulados en edificaciones y en todo género de obras útiles y de arte: -pues si no hubiera alguna moneda representativa de esos valores no se podría hacer llegar á sus corrales las tropas necesarias para el abasto de un solo día y se padecería hambre! ¿Qué habría que hacer? Crear ese medio circulante necesario; hacerlo surgir de la nada si no se pudiera obtener de otro modo. Es poco más ó menos la solución á que estamos abocados en estos momentos de la profunda crisis que agobia al país: -es necesario crear ese medio circulante que nos falta, tan necesario como hacer caminos y calles para transportarnos de un punto á otro. De otra manera el país se verá cada vez más agobiado, por la paralización cada vez más grande de sus industrias, que se encontrarán en la imposibilidad de dar salida á los artículos que producen.

Y Bien! Dicen algunos se importara esa moneda por medio de un empréstito. Ahí nos ofrecen ocho millones de pesos oro. Estamos salvado!...-

Nos parece a nosotros que sobre esto habría que reflexionar un poco antes de expresarse con tanta seguridad.

¿Se trata de un empréstito? Pues tengamos la certidumbre de que en gastos, comisiones y descuentos de colocación, se quedaran en el extranjero veinticinco o treinta pesos efectivo oro reales por cada cien nominales que se ofrecen. Llegarían a nuestro territorio uruguayo unos cinco millones y medio, que deberían ser amortizados como si fueran ocho, y por los cuales pagaríamos altos intereses, también como si fueran ocho... ¿Estamos seguros de que aplicados esos cinco millones activamente al fomento de nuestras industrias producirían estas lo suficiente para el pago de los intereses y amortizaciones?, ¿Y para que tocara una pequeña ganancia a la industrial que lo alentase en su tarea?

-¿No se trata de un empréstito sino de la fundación de una institución de crédito privilegiada? Pues tengamos, también , por cierto que el capital extranjero no se nos ha de ofrecer por eso mas generosamente y renunciar a las grandes ganancias que de nosotros exige. Por lo contrario; como la operación será mas complicada, no es imposible que tenga de nosotros mayores ventajas aún, aprovechando su enorme superioridad táctica en los combates financieros. –Y si tal sucediera la operación , en este caso , como en el anteriormente supuesto, seria ruidosa a la larga, pues, es mas que probable que el fomento que recibirá la industria no la reforzaría lo suficiente para pagar los intereses usurarios del capital con que se le habría habilitado.

En un artículo que publicamos hace ya un par de meses, señalábamos la causa señalábamos la causa principal de nuestra crisis: la exportación de oro que se hace en el país de todas manera y en todos sentidos.

Hacíamos notar que la exportación del oro de los intereses y amortizaciones de las deudas nacionales, que un diario consideraba como única exportación, se agregaba la corriente de pequeños envíos que hacen a su familia residentes en el exterior, los extranjeros habitantes de la Republica; - los dividendos de ganancias de Sociedades anónimas con directorios y capital suscripto en otros países, tales como el Banco de Londres, el Gas, las Aguas Corrientes, los tranvías, los ferro-carriles, la Fabrica Liebigs, las compañías de vapores que suben el Uruguay, etc. , etc.- El producto de nuestra industria ganadera del Norte de Río Negro, donde casi todos los campos pertenecen a acaudalados brasileros que residen en Pelotas o en Bagé y tienen sus depósitos y sus cuentas corrientes en los Bancos de Río de Janeiro, -y la absorción de oro, por ultimo, que en todas maneras nos hacen las dos republicas limítrofes, gracias a las ventajas que en ellas a este metal ofrece el cambio.

El Banco en proyecto, que según se dice va a crearse con los ocho millones de ultramar que tanto alucinan, no seria mas que una nueva salida abierta al oro que viene al país en cambio de su producción, y se va por los conductos que hemos enumerado, -no seria mas que una especie de bomba colosal asentada en nuestro territorio para chuparle el poco metal y existente aún y lanzarlo al otro lado del Atlántico.

Imaginémonos lo que importaría un banco extranjero con los privilegios del Banco Nacional, mas la emisión única y el aditamento, patrióticamente aceptado por la opinión pública, de la no intervención del Estado. Primero colocaría a muy buen interés, y muy segura, su emisión que excedería siempre a su encaje de ocho millones; luego los depósitos judiciales; luego los depósitos particulares; y todos estos intereses y diferencia de intereses irían anualmente a repartirse entre los dueños de la institución, residentes a tres o cuatro mil leguas de nuestras playas!... ¿No es verdad que en vez de curar el mal, se le ahondaría mucho mas con el proyecto de los ocho millones?.

El país no tiene mas que una sola salida: la de ser una vez un verdadero país, una verdadera nación, tan independiente en su vida económica de las otras naciones como lo es en su vida política. Y esto no lo conseguirá sino creando con sus propios recursos su propia moneda, la moneda que le es indispensable para exigir y progresar.

Supongamos que se emiten veinte millones de pesos con serias garantías de que serán convertidos a cuatro años de plazo, y custodiados por un directorio de ciudadanos que a todos inspiren confianza. ¿Qué sería esto? un empréstito que el país se haría a sí mismo: un crédito que cada uno de los habitantes de la Republica hará a la comunidad y que esta entregará en beneficio de todos. La fuerza, en fin, que nos falta para dar vigor a nuestra producción, y que hemos mendigado de mercado en mercado, con la impudencia de ir a pedir a extraños, lo que nosotros no nos queríamos conceder a nosotros mismos por falta de confianza.

Convengamos que el papel así lanzado a la circulación tendría un demérito de un veinte o de un treinta por ciento. Y bien! ¿No es ese precisamente el descuento que se le hace a los empréstitos que obtenemos en Europa?

–Serían veinte millones nominales y quince o dieciséis millones reales, como los empréstitos europeos. La única diferencia estribaría en que por estos millones no pagaríamos intereses, es decir, en que el oro existente en la Republica, no saldría de ella por ese concepto.

Los espíritus apocados, y los que por carencia de criterio moral, no saben distinguir entre las tiranías de Latorre y de Santos, y el Gobierno del Doctor Herrera, ni entre los tiempos que corren y los que han pasado, dan por seguro que toda emisión sería escandalosamente malversada. A esos solo puede contestárseles que, en todo caso, valdría que se malversase una emisión que se recogería cuando fuese posible, sin más sacrificios, que no un empréstito por el que habría que pagar constantes y sonantes intereses, amortizaciones que irían en oro a dar muy lejos del país. A esos mismos se les debe hacer notar que si todos los Gobiernos de la Republica debieran ser necesariamente inmorales, mal iríamos si hubiéramos de esperar el remedio del directorio europeo de un Banco nuestro de Estado. –Se saquearía , a medias, al Banco y al País y Santas Pascuas.