Octavas

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

Octavas
de Clemente Althaus



¡Ay! que han llegado a tan horrible punto
mi desesperación y negro hastío,
que parece que encierra todo junto
del infierno el horror el pecho mío:
envidio el sueño eterno el difunto,
sin que se sienta el corazón con brio
para vibrar la cortadora espada
que en el seno me abisme de la nada.
Noches insomnes paso, hora tras hora,
cual la noche que pasa el desdichado
que sabe con certeza que a la aurora
será del nuevo día ajusticiado;
miro por fin la luz despertadora,
que en nada cambia mi anterior estado,
y un día añade a mi vivir amargo,
cual noche triste, como siglo largo.
no me dejó de mis felices días
el destino implacable ni despojos:
merecen mis eternas agonías
eterno llanto de raudales rojos:
aunque fuerais el mar, lágrimas mías,
y fuerais las estrellas, oh mis ojos,
en tanto duelo, en infortunio tanto,
ojos faltaran y faltara llanto.
La fiel memoria, contra mí ensañada,
y que ninguna desventura olvida,
ofrece de la mente a la mirada
cuantas desgracias lamentó mi vida:
en vasto mar de pesadumbres nada
el alma triste sin hallar salida,
ni divisar, cual náufrago, la playa
donde anhelante a refugiarse vaya.
Y en tanto que sin término me aflijo,
escucho, dulce patria, la algazara
que levantas en justo regocijo,
solemnizando tu victoria clara:
bien sabes, patria, que no tienes hijo
a quien más seas que a este triste cara,
y si un consuelo mi dolor consiente,
el de verte feliz es solamente.
Sé feliz, oh mi patria, sé gloriosa;
ciñan tu noble sien nuevos laureles,
mientras mi pecho de dolor rebosa,
mientras apuro del dolor las hieles;
yo cantaré tu gloria esplendorosa
aun sintiendo las ansias más crüeles,
y con el corazón despedazado
celebraré tu venturoso estado.
Yo, patria, te daré una poesía
que ardiente, noble, vigorosa y fuerte,
te arme contra extranjera alevosía
y apacigüe tus bandos y concierte;
mas a veces también lágrima pía
pueda tu hijo afligido merecerte,
si con el canto de tu gloria alterna
la triste voz de su congoja eterna.


Mayo de 1866.


Esta poesía forma parte del libro Obras poéticas (1872)