Oda a Lícoris

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Oda a Lícoris



 Después de un año entero    
 Venus ¡ay! no te cansas de abrasarme,    
 ni tú, Cupido fiero,    
 con inmortal dolor de atormentarme,    
 aunque en llanto sumido,   
 y de pena me tengas consumido.    

 El congreso sagrado    
 que en Francia destruyó la tiranía    
 por otros sea loado,    
 y del brazo francés la valentía,    
 que hiende en un instante    
 del despotismo el muro de diamante.    

 El pueblo su voz santa    
 alza, que libertad al aire suena;    
 el opresor se espanta,   
 y la copa del duelo bebe llena    
 que en crueza ceñido    
 ya hizo apurar al pobre desvalido.    

 ¿Quién podrá dignamente    
 cantar los manes de Rousseau, clamando    
 libertad a la gente,    
 del tirano el alcázar derrocando,    
 la soberbia humillada,    
 y la santa virtud al trono alzada?    

 Que yo en amor ardiendo    
 sólo a Lícoris canto noche y día,    
 Lícoris repitiendo    
 por la montaña y por la selva umbría,    
 la cítara tocando,    
 y de mis ansias el ardor templando.  

 Los besos amorosos    
 que cogí de su boca regalada,    
 más dulces, más sabrosos    
 que la ambrósia por Hebe derramada;    
 su blanda resistencia   
 que grata convidaba a más licencia.    

 Y mis glorias pasadas    
 canto por siempre ¡ay! ya desparecidas,    
 tan por mi mal halladas    
 y cual tenue vapor desvanecidas.   
 ¡Oh tiempo, cuál volaste,    
 y en qué dolor sumido me dejaste!