Oh, fuera yo el olimpo, que con vuelo

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Oh, fuera yo el olimpo, que con vuelo
de Fernando de Herrera



 ¡Oh, fuera yo el olimpo, que con vuelo   
 de eterna luz girando resplandece   
 cuando mengua Timbreo y Cintia crece   
 en el medroso horror del negro velo!   
 

 En lo mejor del noble hesperio suelo, 
 que cerca baña el Betis, y enriquece,   
 viera la alma belleza que florece   
 y esparce lumbre y puro ardor del cielo;   
 

 y en su candor clarísimo encendido,   
 volviera todo en llama, como espira  
 en fuego cuanto asciende al alta etra.   
 

 Tal vigor en sus rayos escondido   
 yace, que si con fuerza alguno mira   
 en ella, con más fuerza en él penetra.