Organización económica del socialismo

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Organización económica del socialismo
de Rafael Delorme

Nota: «Organización económica del socialismo» (24 de mayo de 1897) Germinal I (4): pp. 7-8.


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ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL SOCIALISMO.
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Hase dicho en todos los tonos, por la ignorancia ó el interés capitalista, que el socialismo busca un estado igualitario absoluto y la repartición de los bienes. Y esto, por lo absurdo, no admite réplica.
 El socialismo científico ó colectivista, lo que busca, y de seguro ha de encontrarla, es una igualdad relativa, aquel estado social en que el hombre, colocado en idénticas condiciones que sus semejantes, pueda obtener, sin menoscabo alguno, lo, que es de su legítima pertenencia: el producto íntegro de su esfuerzo bien justipreciado.
 Y esta libertad del trabajo, este reconocimiento del derecho á poseer cada cual lo que produzca, sólo sería una realidad haciendo que la propiedad sea colectiva, que la tierra y los instrumentos de trabajo sean accesibles á todos, única manera de que el producto del esfuerzo se convierta en individual , que es á lo que racionalmente el hombre puede aspirar sin que queden vulnerados derechos ajenos.
 Ahora bien: ¿Cómo hacer para que tan hermoso principio sea llevado á la práctica? ¿Cómo determinar el valor de lo que cada cual produce, allí donde el trabajo tiene que ser colectivo? ¿De qué manera se va á entregar la producción al consumo? ¿Dejará por tal sistema de existir el estímulo?
 Son estas preguntas fácilmente contestadas y de un modo satisfactorio y que no deje lugar á duda.
 El colectivismo en lo económico, para ser llevado á la práctica de una manera apropiada y conveniente, á fin de obtener lo que se propone, tiene que organizar la nación en agrupaciones de trabajadores, los cuales monopolicen todas las industrias, artes y oficios, repartiéndose después los productos en proporción á lo que cada cual haya producido.
 Se me argüirá que esto no es práctico. ¿ Pero acaso no es práctico el sistema empleado para la repartición proporcionalmente de sus productos en la fábrica de vidrios obrera de Carmaux y en otras manufacturas colectivas que existen en Francia, Inglaterra, Alemania y Bélgica?
 Pues un procedimiento análogo podría emplearse en esas agrupaciones de que hablo, las cuales elegirían por un sufragio universal amplio, amplísimo, comisiones económicas que acapararían los productos todos de la susodicha agrupación, para hacer con ellos, lo que hoy hace el comercio individual: entregarlos al consumo.
 Ahora bien; ¿cómo determinar el valor de lo que cada cual produce, allí donde el trabajo tiene que ser colectivo?
 De una manera sencillísima: organizar el trabajo dentro de estas mismas agrupaciones en gremios, los cuales nombrarían sus Juntas directivas que llegarían á entenderse con la Comisión económica mediante una especie de papel moneda ó bonos de trabajo, cuya cantidad sería determinada por tarifas confeccionadas al efecto y aceptadas por todos los gremios en asamblea general.
 ¿Cómo repartir el gremio proporcionalmente el valor del trabajo individual?
 Pues de análogo modo á como hoy se reparte en esas fábricas y talleres colectivos de que he hecho mérito: á cada cual lo que su trabajo produce.
  Y no hay que dudarlo; con un sistema económico como éste, el reparto de los productos sería más equitativo y no dejaría de existir estímulo, toda vez que cada cual haría de lo que ganase lo que mejor le pareciera, viviendo con la misma independencia que en la actualidad se vive.
 Para instaurar este sistema colectivista podríanse hacer, expropiando en un período revolucionario, la actual propiedad burguesa, como se hizo durante la revolución del 89 con la propiedad feudal, ó bien poco á poco, por medio de la intervención del Estado en materia de sucesiones, imponiendo un fuerte tributo á las herencias en línea directa y acaparando las procedentes de la línea colateral.
 Y téngase presente que una cosa ú otra llegará á hacerse, porque el socialismo se impone, y con él el sistema colectivista en lo económico, como medio de que la igualdad de condiciones sea un hecho en la práctica.
 Porque no hay que hacerse ilusiones; la tiranía subsistirá, y con ella la desigualdad, mientras no desaparezca ese intermediario entre la producción y el consumo que se llama régimen capitalista.

      Rafael Delorme
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