Orlando furioso, Canto 3

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1 ¿Quién le dará a la voz con que revele
tan noble asunto, conveniente acento?
¿Quién al verso las alas, por que vuele
tanto que llegue a tan alto argumento?
Mucho mayor que aquel furor que suele,
conviene al pecho mío hoy ardimiento;
que ahora hasta mi señor osado subo,
pues canto el parto que su alcurnia tuvo;

2 de la que entre linaje tanto ilustre
que envió el cielo a gobernar la tierra,
no ves, oh Febo, que el gran mundo lustre
estirpe más gloriosa en paz ni en guerra;
ni que haya conservado tanto el lustre
o lo conserve más (si en mí no yerra
el profético lumen que me inspira)
mientras entorno al polo el cielo gira.

3 Mas si quiero cantar tan noble idea
no mi cítara basta; mas soy falto
de esa con que en la furia gigantea
rendiste honor al regidor del alto.
Si instrumento me das que mejor sea
para un mármol tallar tan digno y alto,
a esta imagen tengo el pensamiento
de dar todo mi afán, todo mi aliento.

4 Primero iré arrancado, torpe y rudo,
lascas con mi cincel al mármol neto;
quizá después con arte más agudo
reduzca a perfección lo que prometo.
Pero volvamos al que en vano escudo
el pecho salvará o en vano peto:
hablo de Pinabel, el maguntino,
que en su traición pensó tener buen tino.

5 Pensó el traidor que la doncella franca
quedase muerta por tan mal caída;
y, abandonando con la cara blanca
aquella profanada de él guarida,
cargó de la montura silla y anca
y, por ser como fue de alma torcida,
daño al daño añadiendo y tuerto al tuerto,
el bruto hurtó del que tomó por muerto.

6 Mas dejemos aquel que de su vida,
urdiendo engaños, el final procura;
y volvamos a ésta que, caída,
casi halló a un tiempo muerte y sepultura.
Después de que se alzó toda aturdida
del golpe aquel sobre la piedra dura,
la puerta traspasó, que dentro lleva
a una segunda y más holgada cueva.

7 Cuadrada y espaciosa, más se antoja
capilla venerable y recogida,
cuya bóveda está (y cuanto se aloja)
de pilas de alabastro sostenida.
Parece que un altar en medio acoja
que ante él tiene una lámpara encendida,
de lumbre de tal llama y abundancia
que presta luz a una y otra estancia.

8 De humilde devoción la dama toca,
que, viéndose en estancia así sagrada,
comenzó con el alma y con la boca,
a conversar con Dios arrodillada.
Chirría un postigo entonces en la roca
y hace una mujer por él entrada,
descalza, en pobre hábito y greñuda,
que por su nombre a la de Aimón saluda.

9 Y dijo: «Oh Bradamante generosa,
no aquí arribada sin deseo divino,
ya de ti me anunció desde su losa
de Merlín el espíritu adivino
que visitar su santa y pétrea fosa
debías por insólito camino:
aquí estoy para hacerte conocido
cuanto de ti ya el cielo ha convenido.

10 »Esta es la antigua gruta fabulosa
que edificó Merlín, el sabio mago
del que hayas quizá oído decir cosa.
Burlado por quien fue Dama del Lago,
aquí su tumba está, aquí reposa
corrupta ya la carne, donde en pago
de dar satisfacción a su requesta,
se tendió vivo y muerto aún aquí resta.

11 »Su cuerpo muerto el vivo espirtu acoge
hasta que el cuerno que en el Juicio arrumba
lo ascienda al cielo o al infierno arroje,
según paloma o cuervo al fin sucumba.
Mas la voz vive y, cuando clara afloje,
podrás oír desde su rica tumba
que de cosa que fue o aún por ser resta
siempre a quien preguntó, le dio respuesta.

12 »Ya ha tiempo que hasta este cementerio
llegué de remotísima comarca,
pensando que Merlín un gran misterio
supiese que el estudio mío abarca;
y, pues te quise ver, tu cautiverio
ha un mes que espero aquí junto a su arca,
pues él, que la verdad siempre predijo,
para hoy fijó el llegarte a su cobijo.»

13 Restó entonces de Aimón la hija turbada
suspensa ante el hablar de aquella dueña;
y tanto estaba de él maravillada
que duda aquello cierto o si lo sueña.
Bajando vergonzosa la mirada
(porque era toda humilde y no zahareña)
le respondió: «¿Qué he hecho yo en mi vida,
que anuncian los profetas mi venida?»

14 Y alegre por la insólita aventura,
detrás de aquella maga el paso mueve,
que la condujo a aquella sepultura
que encierra de Merlín lo eterno y breve.
Era aquella arca de una piedra dura
pulida y luminosa en tal relieve
que al antro, en que lució jamás el día,
daba esplendor la luz que desprendía.

15 Ya fuese de algún mármol lucimiento
que agita sombras como un hacha agita,
o fuerza ya de arcano encantamiento
de letra que en el cielo se halla escrita
(que es esto lo que más creíble siento),
mostraba el resplandor beldad infinita
de tallas y pinturas, que allí en torno
servían a aquel lugar sacro de adorno.

16 Apenas con sus plantas Bradamante
aquel secreto mausoleo huella,
cuando el espíritu del nigromante
con clarísima voz el aire mella:
«Favorézcate Fortuna en adelante,
oh casta y nobilísima doncella,
cuyo vientre dará el parto fecundo
que debe honrar a Italia y todo el mundo.

17 »La antigua sangre del troyano asilo
que en ti de dos deviene un río sólo
dará la flor, el ornamento, el hilo
de un tronco que será único y solo
del Indo al Tajo, del Danubio al Nilo,
de cuanto vive y es de polo a polo.
Será la estirpe que en el mundo ingreses
de emperadores, duques y marqueses.

18 »De ella caudillos surgirán robustos
que, haciendo de razón y espada suma,
daránle a Italia honor y honra vetustos
con que otra vez de su poder presuma.
Y así el trono tendrán señores justos
que, tal como hizo Augusto o hizo Numa,
bajo gobierno celebrado a coro
restaurarán la antigua Edad de Oro.

19 »Por que el designio celestial se ponga
por ti en efecto (pues mujer te elige
ya de Rogelio, aunque el final prolonga),
resueltamente el paso a él dirige;
que no habrá suerte más que se interponga
(por más que el pensamiento ahora te aflige)
tanto que no al primer asalto abata
a aquel ladrón que el bien hoy te arrebata.»

20 Calló Merlín cuando el presagio expuso
y paso dio a las obras de la maga,
que mostrar a la franca se dispuso
los rostros que tendrán los de su saga.
Espirtus reclutó para aquel uso,
no sé si en el infierno la presaga,
y juntos los tenía allí dispuestos
con varias ropas y diversos gestos.

21 A la capilla a la doncella llama
donde un círculo había antes pintado,
en que cabía horizontal la dama
y aún un palmo más harto sobrado.
Y, porque esté segura en el diagrama,
le traza un gran pentáculo en un lado,
y le manda mirar y estar sin habla;
luego abre un libro, y a las sombras habla.

22 Y gente del infierno y la ultratumba
se ve cruzar la habitación primera,
y en torno al sacro círculo se arrumba
como si foso o muro lo ciñera.
A aquella estancia, cuya bella tumba
guardaba de Merlín cuanto hombre fuera,
iban las sombras luego de haber dado
las tres prescritas vueltas al trazado.

23 «Si de uno en uno hago a todos cuento
--dijo la encantadora a Bradamante--
de estos que hoy por mor de encantamiento
muy antes de nacidos, ves delante,
no sé si el fin veré a tu encerramiento,
que no es sola una noche a tal bastante;
así que elegiré entre ellos algunos
que sean, según el tiempo, a esto oportunos.

24 »Ve aquel primero allí que a ti se antoja
igual en el risueño y bello gesto:
de él tu estirpe hesperia se deshoja,
pues hijo es de Rogelio en ti dispuesto.
Espero ver por él teñida roja
la tierra con la sangre de tu opuesto,
y así vengados la traición y el tuerto
contra quienes le habrán el padre muerto.

25 »Pondrá en rota final y desconcierto
al rey de los lombardos Desiderio;
de Este y de Calaón por este acierto
le hará cesión fecunda el sacro Imperio.
Es el que está detrás tu nieto Humberto,
orgullo en armas del país hesperio:
por él frente a la bárbara cohorte
tendrá defensa la cristiana corte.

26 »A Alberto mira, invicto soberano,
que templos ornará con oro y gema.
Hugo su hijo ve, que por su mano
en Milán colgará blasón y emblema.
Azio es aquel, que ciñe, tras su hermano,
del reino de los ínsubros diadema.
Allá Albertazo está, que aconsejando
de Italia a Berenguer quitará el mando;

27 »y será digno de que Otón le deje
de Alda, su hija, en sacra unión la mano.
Otro Hugo ve: ¡oh bello y tierno esqueje
que del tronco nutriz no anda lejano!
Esté será quien justo haga que ceje
la soberbia orgullosa del romano,
levantando su asedio sin arredro
al Tercio Otón y al sucesor de Pedro.

28 »Ve Fulco, que parece que a su hermano,
cuanto rija en Italia, le haya dado,
y vaya a ser señor y soberano
entre el pueblo alemán de un gran ducado.
Dará a la casa de Sajonia mano
cuando caiga ya toda por un lado;
y, heredero por línea de la madre,
será de aquel linaje nuevo padre.

29 »Azio Segundo es ese nuevo Este
que hará más paz que guerra se practique.
Ve Albertazo y Bertoldo, hijos de este:
Bertoldo vencerá al segundo Enrique,
y hará que Parma, desde oeste a este,
de la sangre tudesca se salpique;
del otro la condesa glorïosa,
sabia y casta Matilde, será esposa.

30 »Lo hará su virtud digno desposando;
que a aquella edad es gloria peregrina
tener de media Italia en dote el mando
y de Enrique Primero la sobrina.
Ve al hijo de Bertoldo ahora pasando,
Reinaldo, que hará libre a la mezquina
Iglesia del tajante filo y hoja
del crudo Federico Barbaroja.

31 »Otro Azio pasa: aquel que hará Verona
juntar a su extendido territorio,
y nombrado será marqués de Ancona
del cuarto Otón y del Segundo Honorio.
Es largo de mostrar toda persona
que porte el confalón del consistorio,
o que al abrigo de su espada y capa
proteja el palio del romano papa.

32 »Ve Obicio y Fulco y más Azios y Hugos,
los dos Enriques, hijo y padre a un tanto;
dos Guelfos, que le pongan a Umbria yugos
y vistan de Espoleto el ducal manto.
Otro que librará de sus verdugos
la aflicta Italia y trueque en risa el llanto:
hablo de aquel --y le mostró Azio Quinto--
por quien será Ecelín roto y extinto.

33 »Ecelín, ferocísimo tirano,
al que tendrán por hijo del demonio,
tal daño hará matando al pueblo llano
y destruyendo el territorio ausonio,
que piadosos serán frente a su mano
Mario, Sila, Nerón, Cayo y Antonio.
Federico Segundo al que él auxilia
por este Azio será vuelto a Sicilia.

34 »Governará con cetro más dichoso
la tierra que el hermoso río perfuma
donde invocó con plectro lagrimoso
el hijo Febo que cayó en su espuma,
cuando fue llanto el ámbar fabuloso
y Cicno se vistió de blanca pluma.
Y esta en gratitud a mil favores
le donarán la Iglesia y sus pastores.

35 »¿Dónde dejo al hermano Aldobrandino,
quien dará ayuda al sacrosanto solio
contra Otón cuarto y el campo gibelino,
cuando ambos a pie ya del Capitolio
hayan rendido ya el reino vecino
y hecho en Umbría y Marca gran expolio?
Faltándole el dinero y opulencia
para hacer lid, lo pedirá a Florencia;

36 »mas no teniendo joya o mejor prenda,
darále por aval su propio hermano.
Con tal podrá marchar a la contienda
y dar rota al ejército germano.
Así a la Iglesia repondrá en su hacienda
y cadalso dará al conde de Celano;
y al servicio del que por Dios gobierna
sus años gastará en la edad más tierna.

37 »A Azio, su hermano, nombrará heredero
del dominio de Pésaro y Ancona,
de cuanto entre Apeninos y mar fiero
y el Trento y el Pisauro se acordona,
y de virtud y de valor señero,
que más que el oro son en la persona;
pues quita y da Fortuna cuanto aviene,
y sólo en la virtud poder no tiene.

38 »Reinaldo ve, del que no menos canto
valor, por más que su destino avieso
(celosa la Fortuna de ver tanto)
no lo conduzca a similar suceso.
Podré escuchar desde Campania el llanto,
donde será rehén del padre y preso.
Obicio pasa allá, que aún mozo tierno
tras el abuelo heredará el gobierno.

39 »Verán hundirse en ellos su colmillo
Módena fiera y Regio acomodado.
Tal será su valor que por caudillo
de su gente será a coro aclamado.
Mira Azio Sesto, de Obicio un su chiquillo,
confaloniero del papal estado;
tendrá Andria como dote de familia
del rey Carlos Segundo de Sicilia.

40 »Mira en aquel corrillo que ahora escojo
de príncipes ilustres la excelencia:
Obicio, Aldobrandín, Nicolás Cojo,
Alberto, todo amor, todo clemencia.
Me callaré, para no darte enojo,
cómo a su reino añadirán Favencia,
y con mayor firmeza Adria, que pudo
nombrar a todo un mar fiero y sañudo;

41 »cómo la tierra, que por ser de rosas
tan rica tomó nombre en lengua griega,
y cuanto está en mitad de las viciosas
marismas que el río Po contiene y riega,
donde habitan las gentes deseosas
que el mar se turbe y ande el viento en brega.
Callo Lugo y Argenta y las letrillas
de otras mil plazas y pobladas villas.

42 »Ve Nicolás, que tierno muchachuelo
lo hará el pueblo monarca de su tierra,
y hará rodar Tideo por el suelo
que civil arma contra el mozo aferra.
Será de él, pues, el infantil desvelo
sudar el hierro y fatigar la guerra;
y del estudio de la edad primera
saldrá la flor de la nación guerrera.

43 »Hará a cuanto después felón cobarde
le quiera contrastar, probar el daño;
y hará su ingenio que feliz se guarde
de toda industria, estratagema o engaño.
Otón Buentercio lo sabrá ya tarde,
señor de Regio y Parma en aquel año,
al que arrebatará tras su venida
a un mismo tiempo potestad y vida.

44 »Dará a su reino siempre rico aumento
jamás torciendo el pie o haciendo roto;
a nadie afligirá o dará escarmiento,
si antes no rompió o deshizo voto:
será por tal el gran Motor contento
de a su properidad no poner coto;
mas que se extienda siempre a mejor caso,
hasta que el sol se oculte en el ocaso.

45 »Mira Leonelo, y mira el primer duque,
prez de su siglo, el afamado Borso,
que hará la paz y en mayor bien se eduque
la tierra que sostiene con su torso,
y Marte palidezca y se caduque
con las manos atadas siempre al dorso.
Será de este señor todo el intento
que el pueblo en su nación viva contento.

46 »Hércules ve, que al véneto reprueba,
cómo después que en Budrio él lo ampare
y ardiéndole hasta el pie y rota la greba
el campo puesto en fuga ardido pare,
en pago contra él guerra promueva
y por seguirlo hasta en el Parque pare.
Este es señor, del que gran duda encierra
si más será su gloria en paz o en guerra.

47 »Tendrán de sus hazañas y ademanes
brucio, apulio y lucanio gran memoria,
pues Alfonso, rey de los Catalanes,
le proveerá de la primera gloria;
y un nombre entre sus bravos capitanes
se granjeará con más de una victoria.
Tendrá por su virtud la señoría
que ya treinta años antes debería.

48 »Y cuanto puede dar amor más puro
a un príncipe su tierra, él gozarálo,
no porque en campo fértil y maduro
trueque su estéril cieno antiguo y malo;
no porque la rodee con foso y muro
más conforme a su alteza y su regalo,
y la haga ornar de templos y palacios,
plazas, teatros, y otros mil espacios;

49 »no porque la mantenga de las garras
de alígero León muy defendida;
no porque cuando las francesas barras
traigan acá y allá Italia encendida,
sola en paz a ninguno entregue arras
y viva de opresiones distraída;
no ya por estos u otros beneficios
tendrá deuda con él y sus servicios;

50 »mas porque le dará la ínclita rama,
Hipólito y Alfonso, justa y leda,
que harán como contó la antigua fama
de los gemelos que alumbrara Leda,
que ya uno u otro de la fébea llama
se privan por que el otro vivir pueda.
Será cualquiera al otro pronto y fuerte
a socorrerlo aun con perpetua muerte.

51 »El gran amor de esta gentil pareja
preservará su pueblo más seguro
que si, por obra de Vulcano, reja
doble de acero reforzase el muro.
Tal es Alfonso y su saber refleja
de suerte la bondad que en el futuro
creerá el pueblo que vuelto haya del cielo
Astrea a donde castiga el sol y el hielo.

52 »Le será de provecho el ser prudente
y en el valor asemejarse al padre,
pues hallará con reducida gente
que de un lado Venecia ante él se cuadre,
del otro aquella, que más justamente
no sé si he de llamar madrastra o madre;
pero si madre, contra él más fiera
que Medea o Procne con su hijos fuera.

53 »Y cuantas veces salga o noche o día
a la campaña fuera de su tierra,
derrotará con singular maestría
a sus contrarios ya por mar o tierra.
Las gentes de Romaña con mal guía
contra el vecino y alïado, en guerra,
veránse ensangrentando el suelo interno
que encierran el Zaniolo, Po y Santerno.

54 »Allí también lo entenderá por cierto
del gran Pastor el mercenario hispano,
que luego, luego habrá por el concierto
Bastía tomado y muerto el castellano,
cuando la cobre él, y por tal tuerto
no haya desde oficial a infante llano
que vivo aún de la batalla y preda
a Roma reportar aviso pueda.

55 ȃl ha de ser quien con astucia y lanza
tenga el honor en la región romaña
de haber dado al francés por su alianza
victoria frente a Julio y frente a España.
Los corceles tras ella hasta la panza
en sangre nadarán por la campaña,
incapaz de sepultar bajo ella luego
tudesco, hispano, franco, ítalo y griego.

56 »Ese al que en pontificio hábito oprime
la crin rojo capelo y allá asoma,
es el asaz magnánimo, sublime,
gran cardenal de la Iglesia de Roma
Hipólito, que en cuanto estilo anime
dará materia eterna a todo idioma;
y en cuya edad concede el cielo justo
que haya un Marón, como otro tuvo Augusto.

57 »Adornará a su descendencia bella,
como orna el sol la máquina del mundo
más que la luna y que cualquier estrella,
que al suyo otro esplendor siempre es segundo.
Con poca gente y dubitosa huella
lo veo partir, y regresar jocundo,
porque cautivas trae quince galeras
y otras mil naves más a sus riberas.

58 »Detrás mira uno y otro Segismundo.
Los cinco hijos de Alfonso ahí se suceden,
a cuya fama de llenar el mundo
impedir mares ni montañas pueden:
es del franco Hércules yerno, el segundo
(y así muestro con cuánto a cuanto exceden)
Hipólito es, que no con más celaje
que el tío, dará luz en su linaje.

59 »Francisco, aquel; los otros dos se llaman
Alfonso. Y, si ahora aguardas que destrabe
de entre ellos todos los que el tronco enraman
y que hacen que tu estirpe así yo alabe,
verás cuánto se apagan y se inflaman
los astros mucho más antes que acabe;
y es tiempo ya, cuando tu boca falle,
que dé licencia al antro, y que yo calle.»

60 Y así, cuando lo quiso Bradamante,
cerró el libro la sabia encantadora,
huyendo allí las sombras de portante
adonde el cuerpo del profeta mora.
Abrió entonces la boca dubitante
la franca cuando supo ser ya hora,
y preguntó: «¿Qué dos tristes se hallaban
que a Hipólito y Alfonso acompañaban?

61 »Venían suspirando y de difunta
mirada sus dos ojos parecían;
y a sus hermanos tanto de su junta
los vi alejarse, que juzgué que huían.»
Demudar pareció con la pregunta
la maga y que sus ojos se afligían.
«¡Ay míseros --clamó-- y a cuánta pena
os lleva el instigar maldad ajena!»

62 »¡Oh buena prole tú de Hércules bueno,
no venza tu grandeza su malicia.
Pues son los tristes de tu propio seno,
permítase clemencia la justicia.»
Y añadió entonces con más pausa y freno:
«No es tiempo de decirte más noticia.
Gusta en la boca el dulce y no te hiera
que hacer resabio amargo no lo quiera.

63 »Apenas la dorada aurora luzca,
contigo tomaré la mejor vía
que al castillo de acero nos conduzca
donde Rogelio vive en tiranía.
Y, hasta que no en la hollada te introduzca,
te serviré de compañera y guía;
de suerte que te muestre ya en las playas
tan bien el resto, que sin yerro vayas.»

64 Allí permaneció la joven brava
toda la noche, y departió gran rato
con el sabio Merlín, que la inclinaba
a dar a su Rogelio cortés trato.
Dejó después la subterránea cava,
cuando dio el sol a la campaña ornato,
y anduvo senda un gran espacio escura,
la maga haciendo de ella siempre cura.

65 Llegaron hasta un valle silencioso
celado por los montes a las gentes;
el día entero sin tomar reposo
cruzaron ya montañas, ya torrentes.
Y, porque fuese andar algo gustoso,
con chascarrillos dulces y mordientes
de cuanto al cabo más tomaban gusto,
hacían más amable el viaje adusto;

66 mas quiso entre ellos fuese una gran parte
la docta maga el dar agenda clara
de cuál cautela luego y de cuál arte
debiera usar, si por Rogelio entrara.
«Si fueses tú --le habló-- Palas o Marte,
y condujeses más bajo tu vara
que gente Carlomagno o Agramante,
harías poca fuerza al nigromante;

67 »que, amén que está de acero amurallada
la roca inexpugnable, y es tan alta;
amén que el aire su criatura alada
por medio cruza y lo galopa y salta;
tiene escudo mortal, cuya mirada
tanto los ojos (si lo muestra) asalta,
que los anubla, y tanto hace al sentido
que tumba al vivo en tierra desvaído.

68 »Y si piensas que le has de dar remate
teniendo el ojo frente a él cerrado,
¿cómo podrás saber en el combate
cuándo te esquiva el mago o lo has tocado?
Mas por burlar la lumbre que así abate,
y al resto de su ciencia hallarle vado,
te mostraré un remedio, una vía presta;
que no hay otra en el mundo, si no es esta.

69 »A cierta reina en India, con enredo,
cierto anillo robar mandó Agramante
a un tal Brunelo, que al fatal roquedo
camina pocas millas por delante;
de tal virtud, que quien lo lleva al dedo
no sufre encanto más de nigromante.
Hurtos y engaños sabe este Brunelo,
cuanta magia el captor de tu martelo.

70 »Este Brunelo (que es tan cauto y pillo
como te digo) fue del rey mandado,
a fin de que, ayudado de este anillo
y con su ingenio agudo y extremado,
a Rogelio rescate del castillo
donde el mago lo tiene encarcelado;
y así ha hecho a su señor promesa,
que más que a otro a Rogelio amor profesa.

71 »Mas por que sola a ti Rogelio haya,
y no al rey Agramante, de obligarse,
para traerlo de aquella alta atalaya
te enseñaré la industria que ha de usarse.
Tres días ve a lo largo de la playa
que está casi ya a pique de avistarse;
contigo el tercer día hasta una venta
vendrá quien el anillo ahora detenta.

72 »Es, por que lo conozcas, de estatura
de ni seis palmos; crin algo erizada,
de pelo negro y tez un tanto oscura;
pálido gesto, barba muy cerrada;
narices machucadas, ceja dura;
ojos saltones, torvo en la mirada;
trae hábito (y así sabrás su arreo)
ceñido y corto, a guisa de correo.

73 »Tendrás buena ocasión, si a ello te avienes,
de hablar de escudo, pájaro y muralla.
Muestra tener, como en efecto tienes,
afán de ir con el mago a la batalla;
mas no de que conozcas ya los bienes
de aquel anillo en que la magia encalla.
Él se te ofrecerá a mostrar la vía
que va a la roca y darte compañía.

74 »Ve tú detrás; y en cuanto te avecine
tanto a la roca que se vea el castillo,
mátalo sin clemencia que te incline
a no seguir la hilaza de mi ovillo.
Cuida de que la acción tuya adivine
y tenga tiempo a usar de aquel anillo;
porque hacerse invisible al punto debe
apenas a la boca se lo lleve.»

75 Llegaron así al mar hablando tanto,
donde junto a Burdeos entra el Garona.
Allí, no sin algún sentido llanto,
entrambas separaron la persona.
La hija de Aimón, que por que del encanto
quede su amante libre se abandona,
tanto caminó, que en medio día
llegó a donde Brunelo noche hacía.

76 Conócelo ella bien, cuando a él se junta,
pues ya su imagen trae grabada en mente:
de dónde viene, a dónde va pregunta;
todo responde él, y en todo miente.
Bradamante, advertida, igual barrunta,
y miente, y disimula allí igualmente
patria y familia y Dios y sexo y nombre;
y no aparta los ojos de aquel hombre.

77 Pasa el tiempo sus manos vigilando
pues teme siempre ser por él robada;
según lo ve venir, se va apartando,
ya de su condición bien informada.
Así juntos los dos conversan, cuando
la oreja un gran estruendo les horada.
Después diré, señor, cuál fue la causa,
mas debo darle al canto alguna pausa.