Otros temas

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DOMÍNGUEZ HIDALGO

OTROS TEMAS

POEMARIO

 
UNO

Tan encerrado estoy en mí
que no me inquietan ya las rejas de mi cárcel
ni siquiera los deseos insólitos
de liberarme...

Tan interna y placentera es mi cadena
que aunque mire pasar cuerpos esclavos
ya no siento compulsiones
como antaño
por liberarlos...

Estoy tan prisionero en mí
que no me importa el tamaño de mi celda,
porque sé que esta atadura enérgica,
más me libera...

Y en mí,
tan en mí,
que aunque si Dios fuera
el carcelero que ortigara mis sienes altaneras,
no podría transformar la libertad auténtica
que me encierra...
 
 
DOS

Los árboles atraen la lluvia
y hace tanto que no llueve,
aunque llueve,
que comienzo a sospecharme
que mi cementerio a lado,
tumba en alto,
calle gris,
asfalto,
ya no tiene ni un arbusto
para ser sembrado.

Y no sé si mis ojos y la lluvia
tanto tiempo enamorados
han roto sus relaciones
como países que un día
de improviso se opacaron
la sonrisa diplomática
de sus odios disfrazados.

Los árboles atraen la lluvia.
Y hoy...
ya no miro más árboles.
¿Será por eso que ya no lluevo
y mis ojos se secaron?
 
TRES

¡Otros temas!
Me gritaron.
¡Otros temas!
Prometiste...
Y anegándome en tu cuerpo fui a buscarlos
donde acaba el silencio de inundarlos.
¡Otros temas!
Continuaron.
¿Otros temas?
Refingiste.
Y al furor de mi sed acrecentada
tu promesa me enredaba entre la nada.
Fuego.
Tierra.
Agua.
Aire.
Siempre en todo:
tierra y agua a piedra y lodo,
fuego y aire a sol y viento.
Y otros temas no me dabas.
Y otros temas no encontraba para el canto
cantante de tu encanto.
Gira siempre.
Gira, gira...
Se delira.
No hay contento.
Nunca cesa el movimiento
remolino
de lo mismo,
de los mismos
del abismo.
Tierra es aire.
Agua es fuego.
¡Otros temas!
No la hiedra;
no miserias;
no injusticias;
no soberbias.
¡Otros temas!
No las máscaras eternas;
no las lágrimas continuas;
no las risas pasajeras.
¡Otros temas!
¡Otros temas!
No la afrenta;
no la lucha;
no la huella.
¡Otros temas!
Más no amor;
más no miedo.
Más no auroras;
más no ciegos.
Otros temas que no canten,
que no hieran,
que no espanten,
que no muerdan.
¡Otros temas!
No la guerra;
no la paz;
no la ciencia.
Ya no el átomo podrido;
ya no el cosmos detenido
ni la muerte
ni la vida
ni la sangre
ni la herida.
Otros temas...
¡Otros temas!
El retorno que se olvide.
Las ausencias que se pierdan.
Las euforias que se astillen.
Las tristezas a la mierda.
¡Otros temas!
Otros temas...
Otros temas de tu cuerpo yo quería
y era igual la porquería
de traiciones,
de emociones,
de calzones
y de ligas.
Otros temas...¡poesía!
otros temas...
pero sólo me entregabas
tu vejez prostituida.



 
CUATRO

De nada sirvió que te murieras.
No has redimido al mundo.
El hambre sigue en pie.
El viento aún tiene miedo
y la tormenta que inventaron
tus denuestos
se esperpenta.

No han servido para nada tus ejemplos.
En los templos se comercia con tu afrenta
y el mezquino bebe el vino que te sangra
cuando es fino.
Pobre huella la huella que ahora falta
en el camino,
tu camino...

Perdidas las migajas brujuleras,
reducido a estar tan lejos,
te quedaste esperando que otras eras
renazcan de asesinos perdonados
y se cierre la cruz de tus heridas
en un mundo sin besos comerciados.
De nada sirvió tu triste muerte,
muerto triste,
descolgado
y vuelto a colgar a cada hora
en baratas camisetas con tu efigie,
porque todos se conforman con ser barro
de tarro,
espuma bebedora en jarro,
sed adormecedora,
cacharro.

De nada sirvió,
de nada servirán tus muertes
recordadas en tour años tras años
ni las muertes de tantos como tú,
ametrallados,
porque aún está dormido,
vientre ignorado,
el HOMBRE.




 
CINCO

Deja tu moral entre los perros
para que la devoren
y puedas modelarte otra muy nuestra
que no impida apaciguar deseos
de manos y de senos;
de aromas y de trinos;
de labios y de cuerpos...

Deja tu moral para el entierro
deste mundo que te afrenta
y te roba la miseria
convirtiéndola en negocio que no cierra.

Deja tu moral de burguesía
y construye tu limpieza cierta
sin prédicas que te sospechen
las neurosis de tu vida
reprimida en inútiles ausencias...
muerta.

Deja tu moral histérica,
psicópata en consumo
y vibra tus sentidos,
luna llena...
y líbrate de ellos al hastío,
dando paso al corazón abierto
que habrá de sublevarte
honesto
al encuentro del mundo verdadero:
INTELECTO.



 
SEIS

Escribo para mí,
porque me amo.
Narciso idílico del pavimento en palcos...
Y no importa si me pierdo entre las sombras olvidadas
por los contaminados
ignorados
enajenados
comercializados.
Para nadie más escribo.

Soy un mito desmitificado.
Soy un símbolo desimbolizado.
Soy metáfora desmetaforizada
y si encojo o no cojo...
más el hilo de mi tiempo,
qué interesa,
si aún no estoy deslibertado.

Escribo para mí,
objeto amado.
Si me leen,
les doy mi agrado:
¡Gracias mil por su atención!
O enfado.
Y si no...
nadie malgaste
y conmigo baste.
Único lector sagrado
de un intento de poeta desolado
inmemoriado
siempre a flote,
siempre a nado.
Si me elogian
o me insultan
no hay cuidado,
que escribo para mí,
narciso alado.

 
SIETE

La soledad del artista
es una matriarca loca
que nos enreda serpientes
y voluptuosa
nos excita a naufragar entre colores,
palabras o figuras imprevistas.

La soledad del artista
es una hambre trapecista
que nos mece hasta marearnos
con murmullos promisorios
de esperada entrega
y al final de los orgasmos,
sudorosos espasmos de la muerte,
se adormece en nuestros brazos
la mirada adormecida
del cansancio que fecunda la obra inerte
hecha de vida.

La soledad del artista
es el reposo guerrero
de un mensajero que viene
a descubrir los secretos
del misterio que contiene
la asiduidad del objeto
en amor nunca poseso.

La soledad del artista
es una arista desnuda
de corporales geométricos
que se va haciendo presencias
en madrigales ausencias
y frugales esqueletos.

La soledad del artista
es infinita...

 
OCHO

No pido más de lo que quiero,
porque a fuerza de labrarme al fuego,
sé que nada más merezco.

Ni quiero más de lo que pido,
porque al golpe azadón del campesino
sé que nada más exijo.

Sólo un hijo brotado en genital abrazo
sin placeres egoístas de los sexos rebajados.
Sólo un hombre que no mienta tras el logro
de mandar a los demás a sangre y oro.
Sólo un mundo que no mate por dineros
que lo visten de cruces y de ciegos.
Sólo un Dios que me explique por qué vivo
y me deje cantar cualquier camino.

Y no doy más de lo que siento,
porque a tanto de hacerme sentimiento
sé que nada más ofrezco.
Ni ofrezco más de lo que pienso,
porque a esfuerzo de hacerme pensamiento
sé que doy lo que yo intento:
una voz corriendo tras el canto
que sueña renacer en un poema,
una sed que trascienda lunas llenas,
noches negras y condenas,
una flor desnuda de mentiras
donde el bien nos transmigre hacia la vida
y una entrega...
la entrega de mi ser abstracto.
No mi carne.
No mi cuerpo.
No mis ojos.
No mis brazos.
No mi aliento.
No mis manos.
No mis besos,
sino el tembloroso ensueño de decir:
TE AMO.
Sé la luz...
Sé el amor...
Sé tan libre que ni el viento iguale
tu libertad de HUMANO.


NUEVE

Sucede aquí
que no me gusta construir cadenas
ni para mí
ni para aquellos que se mueren por vivir
encadenados.

Tengo yo una libertad tan pajarera
que me viste de cantos
y de albas
que hasta allí donde se mecen las estrellas
van mis voces
y mis cuerpos
y mis alas...

Es inútil entonces luchar contra los vientos
que quieren desnudarme las prisiones,
los candados de las celdas
y mis rejas.

Para qué convencerlos
si es de risa que me matan
y desatan
sus rencores o consejos asaltantes
cuando a fuerza cobarde o valiente de martillos
escondidos, encubiertos
-armadillos descubiertos-
intentan reprimir mis humos
hace tiempo dispersados.

Sucede aquí
que no me inquietan sus asaltos
ni su hiel agusanada
ni los comentarios rotos
de su pequeñez sagrada.

Sucede aquí,
hoy...
en este instante,
quizá también mañana,
pero en sí...
NUNCA.

 
DIEZ

Amigo del sur,
hermano,
te doy mi mano aunque lejano
mi cuerpo esté
sembrado en hieles,
labrado en llantos
y en pensamientos que ya ni sé.

Amigo del sur,
copihue y nieve,
alta montaña,
cercano mar,
niño que ríe,
rin de angelito,
joven que canta
sus diecisiete,
hombre cansado de su coplear.

Amigo del sur,
amado,
rostro que grita su juventud,
recuerdo avalado
de antiguas sendas
de noches blancas
sin ataúd,
estoy contigo
pegado al viento,
libre del tiempo
que me enrejó.
Sangre con sangre,
furia con furia,
aunque ni lo sepas tú.

Amigo del sur,
hermano,
al pensamiento que se me abre
como grieta del fuego que arde
en la inmensidad
de tu inmensidad,
te doy mi grito
que vuelto puños
tan se me estalla
como la ira...
fusil al aire,
protesta al cierzo,
rompiendo hielos que nos congelan
cada inquietud.

Amigo del sur,
allende el mundo,
molino al muro,
siempre contigo aunque no me mires
como en las tardes en que los tres
el sol nublado,
tu sed vencida
y mi soledad
de las montañas nos descendíamos
para mezclarnos entre los humos
de tu ciudad.

Amigo del sur,
escucha,
no te sometas,
persiste el canto,
libra tu meta,
lucha,
que seguiremos en la lucha,
y arranca y mata,
mata la hiedra que se te enrede
para enceldarte tu libertad.


 
ONCE

Alguien me ha llamado Antonio
y no supe por qué tener tal nombre,
sea cual sea me he dicho diariamente
sólo es un pretexto individual del consumo cotidiano
para ser un precio más en el ambiente
que me paga por dar lo que conviene
al statu quo presente.

Alguien me llamó Domínguez
y sonaron tan sonidos los vacíos
que yo mismo me reí de mis emblemas
de objeto en compraventa,
siempre atento al día de pago
que me mata el hambre,
pero nunca me sacia esta sed
que me acrecienta.

Otro más en otra vez,
que ni me acuerdo,
se le ocurrió decirme Hidalgo
y sus labios desnudados y sonrientes
se fruncieron cuando vieron
que mi oído también está cerrado,
clausurado,
a la ocasión sonora que no dice lo que siente.

Sin embargo, Domínguez Hidalgo soy tan yo
que el Antonio ni me importa;
aunque viéndolo bien,
todo es estorbo.
Estadística oficial contra extravíos:
el nombre.
Insulso pasajero,
hoy aquí, mañana allá:
Antonio.
Clasificación del american comerce:
Domínguez.
Ficha en directorios arruinada:
Hidalgo.
Vale más ser anónimo callado
que gritar tantas mentiras que se aplaudan.
Además con un nombre, un apellido,
un título, un empleo, un grado, un poderío
o sin ellos,
da lo mismo.
Lo importante es la obra que se siembre,
que la siembren;
que se afirme;
que la afirmen
y se sienta integrada al nuevo mundo,
que aunque muchos no quieran,
¡YA VIENE...!