Lo único que me consuela es que tampoco he hecho daño, nunca me acerqué más que á mujeres fáciles... y te aseguro que me daba por contento... Le tenía miedo á las virtudes... un hogar... hijos, familia... Una mujer con derecho á ser la única amada; una piara de chiquillos de quien cuidar... nunca concebí que esa fuese la misión del hombre.
Una noche me retiraba á mi casa cerca de las dos de la madrugada, cuando al volver la esquina tropecé con un obstáculo, y una escena repugnante hirió mi vista. Un hombre de aspecto brutal golpeaba bárbaramente á una joven, casi niña, que se estrechaba temblando contra él, con ese miedo propio de los irracionales que se consideran por instinto sometidos al amo. ¿No has visto temblar así á los perros al ser castigados?