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Carmen de Burgos
mio, perdido durante mucho tiempo, lo que volvía á encontrar.
Si las almas pasan de un planeta á otro, yo había amado á aquella niña en otro planeta y la reconocía.
Le pregunté su pasado... Era el de todas esas desdichadas que engendra el vicio, crecen entre el lodo y van á dar fatalmente en el crimen...
Aquí... temblando... al recordar aquellas escenas de miseria me lo contó todo, su infancia sin cariño, sus días sin pan... los malos tratos sufridos y... la juventud marchita.
Yo la oía con el pecho oprimido, miraba sus ojos obscurecidos y sufría, sufría bárbaramente con sus dolores... y... sus... miserias.
—¿Y no has querido, no has querido á nadie—, le pregunté ansioso?
Abrió desmesuradamente los ojos; no me comprendía; para ella la pa-