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Página:Alucinación - Carmen de Burgos.pdf/54

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Una Tiple

atraído hacia aquella figura tan interesante, prodigándole una verdadera ovación.

Cuando terminó el primer acto las flores y las coronas cayeron á los pies de la tiple; el entusiasmo llegaba hasta el delirio. Tan pronto como pudo, la signora Giovani corrió á su cuarto y preguntó ansiosa:

—¿Qué hay? ¿Qué se sabe de mi hijo? ¿Dónde está el doctor?

—Tranquilícese usted, señora—dijo el empresario—. Cuando ningún recado han traído el niño estará mejor, indudablemente.

—Por Dios, no me oculten nada.

Y la pobre madre, presa de una inquietud mortal, tuvo que hacer un violento esfuerzo para que la sonrisa asomase á sus labios al dar las gracias á los admiradores que acudían á saludarla. Iba más de la mitad del