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¡Imposible!
ñal se escapó de sus manos y huyó de aquel sitio.
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Un mes más tarde era objeto de todas las conversaciones del pueblo la misteriosa casita que Ramón había hecho construir en el lugar más abrupto de a sierra.
Aquella casita, donde vivía solo con su criado, tenía una gran pieza con las paredes de cristal, que permitían ver por todas partes el panorama.
Allí tenía Ramón su estudio; monje de la sublime región de la belleza que lo había librado de convertirse en asesino.
Y cuentan los indiscretos que lograron acercarse, que Ramón pintaba todo el día con ardor febril, para romper siempre de noche el