Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/182

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y dirijióse á su casa, con la cabeza trastornada por el ruido infernal que habia estado escuchando por espacio de mas de dos horas.

Los otros jóvenes permanecian aún al rededor de la mesa, bebiendo el contenido ce las últimas botellas.

— Cómo se llama ese jóven? preguntó el noticiero á un amigo suyo que estaba á su lado, aludiendo á Ernesto.

— Gonzalez, contestó el interpelado.

— Y el otro nombre?

— Me parece que Ernesto.

— Ernesto! exclamó él. ¡Así se llamaba el otro ... el de la notícia!

— Qué quieres decir?

— Nada, nada. Son cosas mias.

Y añadió para sí:

— Ahora me explico la turbacion de Hazlo-todo. ¡Eh! no estoy tan sin sentido. ¡Pobre jóven! ¿Si yo se lo contase? ¿Qué interés tendrá Armando en jugarle esa mala pasada y en estrecharle la mano

despues, y ser tan su amigo? Aquí pasa algo. Mejor es que lo revele todo. Lo haré .... mañana mismo!