Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/296

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Ernesto como si fuera hijo suyo! ¡Con cuantas lágrimas de gozo veria hoy cumplidos sus deseos!...

Colocábase entonces los azahares en la hermosa cabeza, pero cesó de hacerlo, y tomando el retrato de Eugenia, lo besó repetidas veces, mientras sus ojos se humedecían.

Hazlo-todo, inmóvil siempre en el quicio de la puerta, no apartaba su vista de la casa de los jóvenes. De su mano que oprimia el cabo del revólver, estaba pendiente el drama que pasaba en su interior desde tiempo atrás. Mientras que dentro de la casa se regocijaban todos, él estaba allí, mudo y airado, erigiéndose en juez del destino, que le parecía cruel, aun mas, criminal. En las horas que permaneció esperando, habia pasado revista á todo lo sucedido. Cierto es que había usado de malas artes para separar á Ernesto de Manuela, pero su amor le disculpaba. ¿Quien no es capaz de todo cuando ama, y cuando de un hecho suyo depende, quizá, su dicha de siempre? Esa revista hacia que su cólera creciera, que su encono hacia Ernesto se hiciese mas grande. .. Este le robaba la felicidad, pero él, en cambio, iba á robarle la existencia.

Ya estaba decidido.