320 ANTOLOGÍA DE LA POESÍA FEMENINA ARGENTINA
Sonreía al oirte,
buenamente... “Tu mal no tiene cura”, dije, “jamás pudo ninguno
“ beber por el sediento, jamás pudo
“ nadie, salvar a otro”.
Fuí en verdad, fría y cruel. Hoy bien lo reconozco. No supe responderte,
comprenderte, y a un tiempo comprenderme. Fuí en verdad fría, dura,
severa hasta el exceso. Y lo que es peor, injusta. Me ganó tu flaqueza.
No supe ver en lo hondo de tu pena.
Mas hoy al recordar
tu acento suplicante, de niño en la orfandad, veo, en lo hondo de tu alma.
Cobran nuevo sentido tus palabras.
Veo, en ti y mí misma,
lo que entonces no supe ver, el ansia infinita, el amor, que celaba
tu profunda y quemante desconfianza.
Veo, tardíamente,
que tú sólo podías con buen amor quererme, con amor como el mío,
que eres tú quien de veras me ha querido.
RETORNO
Vuelvo de aquella angustia...
mis ojos aun cargados
de la visión quemante del erial, donde sola y sin lágrimas, absorta, vivi en la más atroz desesperanza.