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la ciudad encantada de los césares

jía, su riqueza i, sobre todo, su enojo con los hijos de aquellos conquistadores antiguos que no habian sabido socorrerlos en la hora del asedio i la desdicha.

Para dar mas colorido de verdad a esta nueva fábula que estaba en abierta contradiccion con cuanto habia conservado la crónica sobre la defensa i desamparo de Osorno (cuyas monjas mismas lograron salvar ilesas i son hoi las Clarisas de Santiago), sostenia el comisario Pinuer que la ciudad primitiva de los Césares no estaba ni en la vecindad ele la laguna de Nahuelguapi, ni en la de Ranco, visitada hace poco por el profesor Philippi, sino en la de Puyehue, que fué reconocida, hace cerca de un siglo, por el capitán de injenieros Mackenna, cuando era gobernador de Osorno. Esa laguna, cuya estension es de cerca de doscientos kilómetros cuadrados segun Astaburuaga, figura como una de las mas bellas creaciones de nuestra naturaleza, i dista solo treinta leguas al sudeste de la moderna ciudad de Osorno, edificada sobre los cimientos de la antigua, rica, heróica i perdida.

No obstante su feliz inventiva, el comisario Pinuer no encontró por de pronto la cooperacion que solicitaba para su empresa de descubridor i de restaurador. El gobernador de Valdivia en aquella coyuntura, don Tomas de Carminate, de apellido na-