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la ciudad encantada de los césares

Fué aquel arbitrio el de sellar moneda de cobre de ínfimo valor, para que con el producido de éste en plata i oro se costease los gastos de la espedicion.

No carecia en sí misma de cierta habilidad la idea, porque lo que en sustancia proponia el último de los Césares era vender algunos centenares de quintales de cobre en porciones infinitesimales, de modo que no lo sintieran los cautelosos chilenos, Pero en esto sacó mal su cuenta el futuro jefe de la espedicion de la Patagonia, i olvidóse de la huéspeda; porque al saber sus propósitos, se reunió, a son de campana, el gremio del comercio de Santiago, que vivia solo del oro en polvo como tipo de cambio, i levantó tal grito contra el proyecto del cobre amonedado cual no se habia oido otro igual en la plaza de Santiago desde que el contador don Gregorio Blanco habia propuesto, hacia pocos años, un nuevo plan de contribuciones. Los mercaderes santiaguinos habrian preferido ir en persona a descubrir los Césares, o declararse Césares ellos mismos, ántes que pasar por la ignominia i el perjuicio de aquella amonedacion escandalosa.—«Es cierto—decian en su informe que inédito tenemos a la vista, fecha 26 de setiembre de 1781, i que copiamos testualmente con su especial ortografía;—es cierto que, a la primera luz, tocado en su superficie o en saminado por las pueriles Matronas que gobiernan las cocinas o por los Niños a quienes les fasilitan sus propinas, tie-