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LAS BELDADES DE MI TIEMPO

cidió presentarse en las tablas, y esto mismo no sucedió sino a consecuencia de un incidente que voy a referir suscintamente porque se vea como es cierto que la ocasión hace al ladrón.

Funcionaba entonces una compañía dramática de los Velarde, según unos en el teatro municipal, y fuimos con Casacuberta a la representación que éste halló detestable, manifestándolo así francamente. Empeñado en una discusión llegó hasta decir: “Yo lo haría mejor” De la discusión resultó la idea que se llevó a cabo, de formar una compañía dramática, a cuya ejecución cooperaron los emigrados argentinos.

Llegó el día de darse la primera función, en la que se dieron cita todos los más notables argentinos, pues hasta de Valparaíso se trasladaron a Santiago muchos de ellos. Así encontráronse en esa noche del estreno el general Las Heras, el general y almirante Blanco Encalada, genera Dehesa, Carlos Lamarca, Sarmiento, generales Necochea y Torrico desterrados del Perú, y muchos otros.

La representación anunciada componíase del drama “Marino Faliero”, de Víctor Hugo, y de la petipieza “La familia improvisada”, y en ambas figuraba Casacuberta. Al aparecer en el proscenio fué acogido por la más estruendosa algazara y salva de silbidos imaginables, pero al mismo tiempo por otra de aplausos que los neutrales o conservadores del orden no podían dominar.

En medio de esta tempestad, especie de pujilato de aplausos y silbidos, en que nadie se entendía ni consigo mismo, apareció de pie en su palco el almirante Blanco, y consiguiendo dominar la algazara dirigió al público las siguientes palabras, más o menos.

“Señores: ante todo, es necesario oir al artista