Página:Camana pedagogia social.djvu/124

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Cada uno daba la ventaja a su especie hasta que llegando a una fuente de muy buena estructura advirtió el hombre que en la coronación estaba figurado en mármol un hombre haciendo pedazos un león. Vuelto entonces a su competidor, en tono convencido, como quien había hallado contra él un argumento concluyente, le dijo: "Acabarás de desengañarte de que los hombres son más valientes que los leones, pues allí ves gemir oprimido y rendir la vida de un león debajo de los brazos de un hombre". "Bello argumento me traes, respondió el león. Esta estatua el hombre la hizo y así no es mucho que la formase como le estaba bien a su especie. Yo te prometo que si un león la hubiera hecho, él hubiera vuelto la tortilla y plantado el león sobre el hombre haciendo jigote de él para su plato".

Al caso: Hombres fueron los que escribieron esos libros en que se condena por inferior a la mujer...

Y con beatífica expresión, concluye el padre Feijóo: "Lo cierto es que ni ellas ni nosotros podemos en este pleito ser jueces porque somos partes; y así se habrá de fiar la sentencia a los ángeles que, como no tienen sexo, son indiferentes".

Sin remontarnos tan alto, fiemos la sentencia a un juez de la tierra. Oigamos la opinión del doctor Carlos Octavio Bunge sobre el tan meneado asunto. En uno de sus dictámenes, el número XXII, si no me equivoco, plantea el asunto de la menor responsabilidad penal de la mujer. Sin establecer