Página:Camana pedagogia social.djvu/75

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— "¿Tengo el derecho de desear un hijo?" — no oirán la amarga reconvención que Homero pone en boca de un dios: — "Nací débil, mas de ello nadie tiene la culpa sino mis padres que no debieron haberme engendrado". ¡Qué hijo no tendría derecho de llorar sobre sus padres que pecaron por ignorancia criminal!

Repitamos la ley de Manu: "Un ser humano completo se compone del hombre y de la mujer". Aislados, sus esfuerzos se pierden para lo que debe ser el objeto de la vida: superarse a sí mismo creando. Unidos, sin tener conciencia de esta finalidad, sus esfuerzos se malogran acentuando en lo creado los defectos del creador.

En la pareja humana, actualmente el hombre cumple mejor sus deberes porque los comprende mejor. A la mujer sálvala el instinto. Pero ese instinto es falseado en las clases superiores por hábitos de holganza, de lujo mal entendido, de imitación servil — femenil, diríamos con Byron cuando asevera que toda pasión exacerbada es femenil y que femenil quiere decir furiosa.

En las clases inferiores el instiuto fraternal es ahogado por la necesidad apremiante de buscar fuera del hogar el sustento del recién nacido. Y el alimento natural del hijo, su propiedad biológica, la leche materna, le es negado, entre los ricos, por la imperiosa moda y, entre los pobres, por la desapiadada miseria.

En una sociedad bien constituída el buen ejemplo debe ser dado por la aristocracia digna de