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cap.
darwin: viaje del «beagle»

que, con la excepción del Molothrus pecoris, al que debe añadirse el M. niger, los cuclillos son las únicas aves que pueden llamarse parasitarias, en el sentido de «adherirse, por decirlo así, a otro animal vivo, cuyo calor hace salir del huevo a las crías de aquéllos, cuyo cebo las alimenta, y cuya muerte acarrearía la de las mencionadas crías en el primer período de su vida». Es digno de notarse que algunas especies, aunque no todas, así del cuclillo como del Molothrus, coincidan en esta extraña costumbre de su propagación parasitaria, siendo al mismo tiempo opuestas en todas las demás; el Molothrus, como nuestro estornino, es eminentemente sociable y vive en las campiñas descubiertas, sin artificios ni disfraces; el cuclillo, como todo el mundo sabe, es un ave singularmente esquiva, que prefiere las espesuras retiradas y se alimenta de frutas y larvas. En la estructura se diferencian también mucho ambos géneros. Hanse aventurado muchas teorías, hasta de índole frenológica, para explicar la razón de poner el cuclillo los huevos en los nidos de otras aves. Pero solamente M. Prévost, a mi juicio, ha arrojado luz sobre este enigma con sus observaciones [1]; según ellas, la hembra del cuclillo, que al decir de casi todos los observadores pone al menos de cuatro a seis huevos, tiene que aparearse con el macho cada vez después de poner sólo uno o dos huevos. O bien habría de incubarlos todos juntos, dejando yacer los de la primera puesta por tanto tiempo que probablemente se pondrían hueros, o bien tendría que incubar separadamente cada huevo o cada dos inmediatamente de puestos. Pero como el cuclillo permanece en esta región menos tiempo que cualquier otra ave emigratoria, le sería imposible efectuar las incubaciones sucesivas. Podemos, pues, ver en el hecho de aparear-


  1. Leídas ante la Academia de Ciencias de París: L'Institut, 1834, pág. 418.