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cap.
darwin: viaje del «beagle»

gregarias, pues en los lugares desiertos se las ve solitarias y más comúnmente por parejas.

Dícese que las Carranchas son muy astutas y que roban gran cantidad de huevos. También se lanzan, así como el Chimango, sobre las mataduras del ganado mular y caballar. La pobre bestia atacada, con las orejas gachas y el lomo arqueado, por una parte, y por otra, el pajarraco carnívoro cerniéndose en el aire a un metro del repugnante bocado, forman un cuadro que el capitán Head ha descrito con el ingenio y tino en él habituales. Estas falsas águilas rara vez comen pájaros o animales vivos, y su aspecto de buitre y hábitos necrófagos son bien conocidos de todo el que se haya quedado dormido en las desoladas llanuras de Patagonia, pues al despertar no deja nunca de ver en los montículos de los alrededores a las aves de que hablo, observando pacientemente con ojos malignos: es una nota característica del paisaje de estas regiones, que seguramente será reconocida por cuantos han andado por ellas. Si un grupo de hombres sale a cazar con perros y caballos, indefectiblemente le seguirán durante el día varios de estos acompañantes. Después de harto, le sobresale el pelado buche; en tales circunstancias, y aun generalmente, es un ave torpe, mansa y cobarde. Su vuelo es pesado y lento, como el de la corneja inglesa. Rara vez se remonta; pero en dos ocasiones he visto a una moverse a gran altura con gran facilidad. Corre (expresando con esta palabra lo contrario de saltar), pero no tan rápidamente como sus congéneres. A veces hace gran ruido con sus graznidos, pero no es lo ordinario; su grito es fuerte, áspero y característico, pudiendo compararse al sonido de la g gutural española seguida de doble r. Al graznar levanta la cabeza cada vez más, hasta que al fin, con el pico enteramente abierto, la parte superior del cráneo toca casi la porción inferior del dorso. Se ha puesto en duda este hecho, pero es rigurosa-