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banda oriental y patagonia

palus, todos los cuales viven en llanos cenagosos invadidos de cuando en cuando por el mar), y uno más que encontré muerto en la llanura, completan la lista de los coleópteros. Abundaba mucho una mosca grande (Tabanus), que nos atormentaba con sus penosas picaduras. La mosca borriquera ordinaria, que tan molesta es en las sombrías veredas de Inglaterra, pertenece a este mismo género. Aquí tenemos el enigma que con tanta frecuencia se presenta en el caso de los mosquitos: ¿Con la sangre de qué animales se sustentan de ordinario estos insectos? El guanaco es casi el único cuadrúpedo de sangre caliente, y no abunda si se le compara con la muchedumbre de moscas.


La geología de Patagonia es interesante. A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde las formaciones terciarias parecen haberse acumulado en las bahías, aquí, a lo largo de centenares de millas de costa, tenemos un gran depósito que contiene muchas conchas terciarias, todas al parecer extintas. La concha más común es una ostra maciza gigantesca, que a veces tiene tres decímetros de diámetro. Estos lechos están cubiertos por otros de una clase peculiar de piedra blanca, compuesta en gran parte de yeso y parecida a la cal, aunque en realidad su naturaleza es la de la piedra pómez. Es notabilísima por componerse, al menos en una décima parte de su volumen, de infusorios: el profesor Ehrenberg ha comprobado ya en ella la existencia de 30 formas oceánicas. La capa mencionada se extiende 500 millas a lo largo de la costa, y tal vez a distancia mucho mayor. ¡En Puerto San Julián su espesor pasa de 240 metros! Estos blancos estratos se presentan en todas partes cubiertos por una masa de cascajo, que forma probablemente uno de los mayores yacimientos de su clase en el mundo; con toda seguridad se extiende desde cerca del