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cap.
darwin: viaje del «beagle»

a pesar 22 libras. En tiempos pasados se les llamó caballos de carrera, por su manera de bogar y chapuzarse; pero hoy se les denomina, más propiamente, barcos de vapor. Tiene las alas tan pequeñas y débiles, que no pueden volar; pero con su ayuda, en parte nadando y en parte remando, se mueven con suma rapidez. El modo de efectuarlo se parece algo al del pato doméstico cuando huye perseguido por un perro; pero estoy casi seguro de que este ave hace jugar las alas alternativamente y no a un tiempo, como las demás aves. Estos pesados y estúpidos ánades arman tal estrépito con sus graznidos y chapuces, que el efecto es extremadamente curioso.

Según lo que llevamos dicho, hay en Sudamérica tres aves que usan las alas para fines distintos del vuelo: el pájaro bobo, como aletas; el Anas citado, como remos, y el avestruz, como velas. Análogamente, el Apteryx de Nueva Zelandia, así como su extinto prototipo gigantesco el Deinornis, posee sólo órganos rudimentarios representativos de las alas. El Anas no puede bucear mas que un reducido trayecto. Se alimenta únicamente de mariscos, que busca en las algas y rompientes; de ahí que para romper las conchas se halle provisto de un pico y cabeza tan gruesos y fuertes, que apenas pude romperlos con mi martillo de geólogo. Todos los cazadores del Beagle tuvieron ocasión de aprender lo duros que son de morir estos ánades. Mientras por la tarde se peinan el plumaje en bandadas, hacen el mismo ruido extraño y confuso que las ranas-toros en los trópicos.


En Tierra del Fuego, así como en las islas Falkland, hice muchas observaciones sobre los animales marinos inferiores [1]; pero son de escaso interés general. Men-


  1. No pude menos de quedar asombrado al contar los huevos de una gran Doris blanca (babosa de mar de unos ocho centi-