Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo I.djvu/357

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estrecho de magallanes

gigantes, que comieron con el capitán y se portaron como caballeros, haciendo uso de cuchillos, tenedores y cucharas; lo que más les gustó fué el azúcar. Esta tribu había tenido trato tan frecuente con foqueros y balleneros, que la mayoría de sus individuos sabían algo de inglés y español. Están medio civilizados, y desmoralizados en la misma proporción.

A la mañana siguiente acudió a la playa un grupo numeroso a negociar con pieles y plumas de avestruz; como no se aceptara el cambio por armas de fuego, el tabaco fué el artículo más solicitado, con preferencia a las hachas o herramientas. Toda la población de los toldos, hombres, mujeres y niños, se acomodaron en una loma. La escena ofreció gran interés y animación, siendo imposible no simpatizar con estos gigantes de genio tan alegre y confiado; nos pidieron que volviéramos a visitarlos. Parecen gustar del trato con los europeos, y una mujer de gran ascendiente en la tribu, la anciana María, rogó en una ocasión a míster Low que dejara con ellos a uno de sus marineros. Pasan aquí la mayor parte del año; pero en verano suelen cazar a lo largo del pie de la Cordillera; a veces llegan en sus excursiones hasta el río Negro, que está 750 millas al Norte. Tienen buena provisión de caballos, pues cada hombre, según Mr. Low, posee seis o siete, y todas las mujeres y hasta los niños, uno. En tiempos de Sarmiento (1580) estos indios tenían arcos y flechas, que ya no usan desde hace tiempo; poseían también algunos caballos. Es un hecho curioso hacer notar la multiplicación, extraordinariamente rápida, de los caballos en Sudamérica. Estos animales fueron desembarcados por primera vez en Buenos Aires en 1537, y habiendo quedado abandonada la colonia por algún tiempo, el caballo se hizo cimarrón [1]; en 1580, sólo cuarenta y tres años después, ¡ya se


  1. Rengger, Natur. der Saeugethiere von Paraguay, S. 334.