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cap.
darwin: viaje del «beagle»

18 de marzo.—Hemos zarpado de Bahía. Pocos días después, cuando estábamos a corta distancia de las islas Abrolhos, me llamó la atención el aspecto pardorrojizo que presentaba el mar. Toda la superficie del agua, tal como ésta pudo ser observada con una lente de poco aumento, parecía estar cubierta de menudas pajitas de heno picado, con las puntas dentadas. Eran minúsculas confervas cilindricas, dispuestas en haces o bolsas de 20 a 60 individuos en cada una. Míster Berkeley me hace saber que pertenecen a la misma especie (Trichodesmium erythræum) hallada en grandes espacios del Mar Rojo, y de la que proviene la denominación que lleva este mar [1]. Su número debe de ser incalculable; el barco pasó por varias fajas de ellas, una de las cuales tenía cerca de 10 metros de ancha y, a juzgar por el color cenagoso del agua, dos millas y media, por lo menos, de larga. En las relaciones de casi todos los largos viajes se dan algunas noticias de estas confervas. Abundan especialmente en el mar que rodea a Australia, y frente al cabo Leeuwin [2] hallé una especie análoga, pero más pequeña y al parecer diferente. El capitán Cook, en su tercer viaje, apunta la observación de que los marinos la llamaban serrín de mar.

Cerca del Atol Keeling, en el Océano Indico, observé pequeñas y numerosas masas de confervas, de algunos centímetros en cuadro, compuestas de largos hilos cilíndricos de suma delgadez, con otros cuerpos algo mayores y visibles a simple vista, rematando en ambos extremos por conos sutiles. Dos de éstas, unidas, están representadas en el grabado. Varían en lon-


  1. M. Montagne, en Comptes Rendus, etc., julio 1844, y Annales des Sciences Naturelles, diciembre 1844.
  2. Cabo de la Australia suroccidental, a la entrada de la bahía de Flinders.—Nota de la edic. española.