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paso de la cordillera

cultivo mediante el riego. Puede caminarse por ellas hasta una altura comprendida entre 2.000 y 3.000 metros, y más allá quedan ocultos por montones irregulares de detritus. En los extremos más bajos o salidas de los valles aparecen unidas, sin solución de continuidad, con las llanuras de tierra firme (y también formadas de casquijo) que hay al pie de la cordillera principal, y que ya he descrito en un capítulo anterior como características del paisaje de Chile. Indudablemente son una formación sedimentaria de la época en que el mar invadía Chile, como invade ahora las costas más meridionales. Ningún hecho de la geología sudamericana me interesó tanto como estas terrazas de casquijo de estratificación poco aparente. Por los materiales de que están constituídas, recuerdan precisamente los depósitos que los torrentes formarían en los valles si quedaran detenidos en su curso por cualquier causa, como la comunicación con un lago o brazo de mar; pero los torrentes, ahora, en lugar de depositar sedimentos, trabajan sin descanso en desgastar la roca sólida y los depósitos de aluvión a lo largo de todos los valles, así principales como secundarios. Es imposible exponer las razones en este lugar, pero estoy convencido de que las terrazas de casquijo se acumularon durante la elevación gradual de la Cordillera, merced a la acción de los torrentes, pues en niveles sucesivos dejaron sus detritus en las cabeceras de largos brazos de mar, primero en los valles más altos, luego en otros más bajos, y sucesivamente en otros, al paso que la tierra se elevaba lentamente. Si esto ha sucedido así, y no puedo dudar de ello, la gigantesca y abrupta cadena de la Cordillera, en lugar de haber surgido repentinamente, como creyeron todos los geólogos sin excepción hasta hace poco, y creen todavía la mayor parte, se ha ido elevando lentamente en masa, en la misma forma gradual que lo han efectuado las costas del Atlántico y del Pacífico dentro del pe-