Página:Charles Darwin - Diario del viaje de un naturalista alrededor del mundo - Tomo II.djvu/223

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida
xvii
205
archipiélago de los galápagos

un árbol. Un día, estando echado en el suelo, se posó un pájaro mimo o burlón en el borde de una vasija, hecha de concha de tortuga, que yo tenía asida, y empezó a beber tranquilamente el agua; me permitió levantarle del suelo en la vasija y casi cogerle de las patas, cosa que estuve a punto de conseguir. Esta misma experiencia la repetí con otras aves. En tiempos pasados, las aves han debido de ser más mansas que al presente. Cowley (el año 1684) dice que «las tórtolas eran muy mansas y se posaban a menudo en nuestros sombreros y hombros, de modo que podíamos cogerlas vivas; no huían del hombre hasta después que alguno de los nuestros les dispararon varios tiros, con lo que se hicieron más esquivas». También Dampier, en el mismo año, refiere que un hombre caminando a pie podría matar en una mañana seis o siete docenas de estas aves. Al presente, aunque sin duda muy mansas, no se posan en los brazos de las personas, ni se dejan matar en tanto número. Es extraño que no se hayan hecho más bravías, porque estas islas, durante los últimos ciento cincuenta años, han sido visitadas frecuentemente por filibusteros y pescadores de ballenas, y, además, los marineros que recorren los matorrales en busca de tortugas se entretienen, cruelmente, en matar las avecillas que se ponen a su alcance. Pero aquí siguen todavía mansas, a pesar de la persecución. En la isla Charles, colonizada desde hace cosa de seis años, vi un muchacho sentado junto a un pozo, y con una varita en la mano, matando las palomas y picogordos que acudían a beber. Cuando, llegué había cazado ya un montoncito de ellas para la comida, y me dijo que siempre había tenido la costumbre de apostarse en este sitio con el mismo objeto. Diríase que las aves de este archipiélago, no habiendo aprendido todavía que el hombre es un animal más peligroso que la tortuga o el Amblyrhynchus, se le acercan sin temor, al modo que en In-