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cap.
darwin: viaje del «beagle»

donde hay alguna arena, el suelo se compone tan sólo de fragmentos rodados de coral. En una superficie de tal índole, pétrea y seca, únicamente la atmósfera de los trópicos es capaz de producir una vegetación vigorosa. Nada tan elegante como el aspecto de algunas isletas, donde los cocoteros jóvenes y adultos se mezclan en el mismo bosque, sin perjuicio de su mutua simetría. Una playa de blanca arena brillante sirve de orla a estos encantados lugares.

Presentaré ahora un bosquejo de la Historia Natural de estas islas, que por su rareza encierran un interés peculiar. A primera vista los cocoteros parecen ser los únicos árboles; pero después se ve que hay otros cinco o seis. Uno de éstos alcanza gran tamaño, pero la blandura excesiva de su madera le hace inservible; en cambio, otro, bajo, suministra excelente madera para la construcción de barcos. Fuera de dichos árboles, el número de plantas es muy limitado y se reduce a unas cuantas malezas o hierbajos de escasa importancia. En mi colección, que, si no me engaño, las comprende casi todas, hay 20 especies, sin contar un musgo, un liquen y un hongo. A este número hay que añadir dos árboles: uno de ellos no estaba en flor, y el otro no le conozco mas que por referencias. Según me dijeron, es un árbol solitario, de una especie peculiar, que crece cerca de la costa, donde sin duda las olas arrojaron su semilla. También crece una Guilandina, solamente en una de las islitas. No incluyo en la lista anterior la caña de azúcar, el banano y algunos otros vegetales, frutales y hierbas importadas. Como las islas se componen enteramente de coral, y en algún tiempo han sido arrecifes cubiertos por el agua, todas sus producciones terrestres han tenido que ser transportadas aquí por las olas del mar. En concordancia con esto, la flórula de que trato tiene el carácter de refugio de semillas desamparadas, o, dicho en otro término, de una inmigración de vegetales náufra-