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cap.
darwin: viaje del «beagle»

Valparaíso haciendo una excursión más larga al sur del camino directo.


5 de septiembre.—A eso de mediodía llegamos a uno de los puentes colgantes, sostenidos por correas, sobre el Maypú, ancho y revuelto río que corre a pocas leguas del sur de Santiago. Cruzar estos puentes es un mal negocio. El camino o piso, siguiendo la curvatura de las cuerdas suspensoras, está hecho de haces de palos colocados unos junto a otros. Se hallaba horadado en muchos puntos y oscilaba terriblemente, aun con el solo peso de un hombre a caballo. Por la tarde llegamos a una excelente y cómoda casa de campo, donde había varias señoritas lindísimas. Se horrorizaron lo indecible porque yo había entrado en una de sus iglesias sólo por mera curiosidad. En el discurso de la conversación me preguntaron: «¿Por qué no se hace usted cristiano, ya que nuestra religión es la verdadera?» Les aseguré que yo era cristiano, pero no se satisficieron con mi respuesta, y añadieron, apelando a mis palabras: «¿No es cierto que entre ustedes los curas y hasta los obispos se casan?» El absurdo caso de que un obispo tuviera mujer les chocaba de una manera particular: no sabían si reírse u horrorizarse de semejante enormidad.


6 de septiembre.—Continuamos nuestra marcha derechamente al Sur y dormimos en Rancagua. El camino pasaba la nivelada, pero angosta llanura, limitada, de un lado, por suaves colinas, y de otro lado, por la Cordillera. Al día siguiente torcimos, subiendo hacia el valle del río Cachapual, en el que se hallan los baños termales de Cauquenes, de antiguo celebrados por sus virtudes medicinales. Los puentes colgantes, en los sitios menos frecuentados se desmontan generalmente durante el invierno, en que los ríos llevan poca agua. Eso precisamente era lo que ocurría en