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chiloe y las islas chonos

revueltas unas con otras, medio dormidas, como cerdos; pero aun éstos se hubieran avergonzado de su suciedad y del repugnante hedor que despedían. Cada grupo estaba vigilado por la paciente y maligna mirada del zopilote. Esta ave antipática, con su calva cabeza escarlata, hecha para revolverse en la podredumbre, abunda mucho en la costa occidental, y la circunstancia de acompañar a las focas muestra cuál sea su principal alimento. Hallamos el agua (probablemente sólo la de la superficie) casi dulce; se debía al número de torrentes que, en cascadas, caían precipitándose por las desnudas montañas de granito. El agua dulce atrae a la pesca, y en busca de ella acuden golondrinas de mar, gaviotas y dos clases de cuervos marinos. También vimos una pareja de hermosos cisnes de cuello negro, y varias pequeñas nutrias marinas, cuya piel era muy estimada. Al regreso, nos entretuvimos en ver el ímpetu con que el rebaño de focas, viejas y jóvenes, se iban arrojando al agua según pasaba el bote. No bucearon por mucho tiempo, y volviendo a la superficie, nos siguieron con los cuellos tensos, expresando gran asombro y curiosidad.


7 de enero.—Después de recorrer la costa anclamos junto al extremo norte del archipiélago Chonos, en el puerto de Low, donde permanecimos una semana. Las islas se componían aquí, como en Chiloe, de depósitos litorales blandos y estratificados, y, como consecuencia, la vegetación era hermosa y exuberante. El monte bajo llegaba hasta la playa, en forma de arbustos perennes de macizo espesor, como las masas de boj que suelen cercar ciertos paseos y jardines. Desde el ancladero gozamos de la espléndida vista que ofrecían los cuatro grandes picos nevados de la Cordillera, incluyendo el «famoso Corcovado», y la sierra misma tenía en esta latitud tan poca altura, que pocas partes de ella descollaban sobre los cerros de