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carlos r. darwin.

más pequeñas que las de los obreros ocupados en trabajos mecánicos, ó las de los salvajes. Pero entre estos últimos, segun ha hecho notar H. Spencer, el hábito más frecuente de mascar alimentos groseros y sin cocer debe influir directamente en el desarrollo de los músculos masticatorios y en el de los huesos con que estos se relacionan. En los niños, ya mucho tiempo antes del nacimiento, la epidermis de la planta de los piés es mucho más gruesa que la de cualquiera otra parte del cuerpo, hecho que, á no dudar, se debe á los efectos hereditarios de una presion ejercida durante una larga série de generaciones.

La inferioridad en que se encuentran los europeos respecto de los salvajes, en cuanto al alcance de la vista y á otros sentidos, es indudablemente efecto de la falta de uso, falta acumulada y transmitida á través de muchas generaciones: Rengger cuenta haber observado en distintas ocasiones europeos criados entre los indios salvajes que han pasado con ellos toda la vida, y que no por esto les igualaban en la sutileza de los sentidos. El mismo naturalista nota que las cavidades del cráneo ocupadas por los órganos de los sentidos, son más grandes en los indígenas americanos que en los europeos, lo que sin duda corresponde á una diversidad de igual orden en las diferencias de los órganos mismos. Blumenbach ha atestiguado tambien que las cavidades nasales son mayores en el cráneo de los indígenas americanos, y relaciona esta circunstancia con la sutileza de su olfato. Los mogoles de las llanuras del Asia del Norte tienen, segun Pallas, los sentidos dotados de una perfeccion sorprendente; y Prichard cree que la mayor anchura de sus cráneos en los arcos cigomáticos resulta del desarrollo considerable que adquieren sus órganos de los sentidos.