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carlos r. darwin.

sus narices, la uniformidad que aclualmente ofrece el primer carácter en los monos catirrinos, y el segundo en los platirrinos; pero bajo este punto de vista habrian semejado al vecino grupo de los lemúridos, que difieren mucho entre sí por la forma de su hocico, y mucho más por su denticion.

Concuerdan por tantos caracteres, como lo prueba el hecho, los monos catirrinos y los platirrinos que deben incontestablemente pertenecer á un solo órden. Los numerosos rasgos comunes á ambos no pueden haberse adquirido independientemente por tantas especies distintas; deben, más bien, ser efecto de la herencia. Sin duda hubiera sido clasificada por un naturalista en la categoría de los monos, la forma antiquísima que reuniese caracteres comunes á los monos catirrinos y platirrinos, con otros que fuesen intermediarios, acompañados tal vez de algunos rasgos distintos de los que se encuentran actualmente en cada grupo. Por más que mortifique nuestro orgullo, es indudable que perteneciendo el hombre bajo el punto de vista genealógico al tronco catirrino, ó del antiguo mundo, hemos de deducir que nuestros antecesores primitivos habrian podido, con justicia, ser clasificados de tal modo.

Cuna y antigüedad del hombre.—Naturalmente nos vemos conducidos á investigar cuál ha sido el lugar del nacimiento del hombre, tomándolo en el punto en que sus antecesores han divergido del tronco catirrino. El solo hecho de enlazarse á este tronco prueba claramente que habitaban el antiguo mundo, pero no la Oceanía ni alguna isla vecina, conforme podemos deducir de las leyes de distribucion geográfica. En todas las grandes regiones de la tierra, los mamíferos vivientes son muy semejantes á las especies extinguidas de la misma region. Es por lo