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carlos r. darwin.

animal determinado, mayor importancia dá al raciocinio que al instinto de este. El doctor Hayes hace notar muchas veces en su obra sobre el Mar polar abierto, que cuando sus perros llegaban á correr, remolcando sus trineos, por una capa de hielo de poco espesor, en lugar de seguir marchando unidos en masa compacta, se separaban unos de otros, para repartir el peso de sus cuerpos sobre una superficie más extensa. Esta maniobra venia á ser para los viajeros un aviso de que disminuyendo la profundidad del hielo, era la marcha más peligrosa. Ahora bien, los perros ¿obraban de tal modo á consecuencia de su experiencia individual; imitaban el ejemplo de otros más prácticos, ó lo hacian en virtud de un hábito hereditario, es decir, de un instinto? Tal vez este instinto se remontaria á la época, ya antigua, en que los naturales empezaron á usar perros para arrastrar sus trineos; y quizá tambien los lobos árticos, tronco del perro esquimal, pueden haber adquirido este instinto que les guiaba á no correr en compactos grupos sobre las capas delgadas de hielo. Con todo, es difícil resolver problemas de este género.

En diversas obras se han recogido tantos datos probando que hay algun grado de raciocinio en los animales, que me limitaré aquí á citar dos ó tres casos señalados por Rengger, y relativos á monos americanos, de órden muy inferior. Cuenta este autor que sus monos rompieron con tan poco acierto los primeros huevos que les dió, que se perdió una gran parte de su contenido; pero después aprendieron á golpear suavemente uno de sus extremos sobre un cuerpo duro, separando con los dedos los fragmentos de la cáscara. Cuando por casualidad se lastimaban con un instrumento cortante, no se atrevian á tocarlo más, ó si acaso, lo hacian con el mayor cuidado. Con