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el orígen del hombre.

C. hamadryas, con las que traban encarnizadas luchas. Los primeros desprenden del monte gruesas piedras que caen rodando y de las que huyen los segundos; después las dos especies se precipitan furiosamente una sobre otra, produciendo una confusion y batahola terribles. Brehm, acompañando al duque de Coburgo-Gotha, tomó parte en un ataque dado con armas de fuego á un tropel de babuinos, en el paso de Mensa, en Abisinia. Estos contestaron al ataque haciendo rodar por las laderas de la montaña tal cantidad de piedras que los cazadores hubieron de batirse en retirada, sin que su caravana pudiese, en algun tiempo, atravesar el paso. Un mono del Jardin zoológico de Lóndres, cuyos dientes eran flojos, rompia las avellanas con una piedra, y, segun me dijeron los guardianes, el animal despues de haberse servido de la piedra, tenia la costumbre de esconderla entre la paja, y se oponia á que los otros monos la tocasen. Vése en esto una nocion de la propiedad, que hallamos tambien en el perro cuando tiene un hueso, y en la mayor parte de las aves que poseen un nido.

El duque de Argyll hace notar que el hecho de construir un instrumento ó herramienta con un fin particular es absolutamente peculiar del hombre, y lo considera en cuanto establece entre él y los animales una diferencia inmensa. La distincion es importante sin duda, pero me parece que hay mucha verdad en el aserto de Sir J. Lubbock, el cual afirma que cuando el hombre primitivo empezó á valerse de pedernales para un uso cualquiera, pudo haberlos hecho pedazos accidentalmente, y sacado entonces partido de su reluciente filo. Dado este paso, fácil es llegar al de romperlos con intencion, y tampoco es difícil lograr darles una forma tosca. Con todo, este último progreso puede haber necesitado para su realizacion un lar-