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carlos r. darwin.

y dialectos dominantes se propagan á grandes distancias y contribuyen á la extincion de otras lenguas. La lengua, como la especie, una vez extinguida, no reaparece nunca, segun observa Lyell. Un mismo lenguaje no nace nunca en dos puntos á la vez, y lenguas distintas pueden mezclarse y hasta amalgamarse. Vemos en todas ellas la variabilidad, asimilándose contínuamente nuevas expresiones; pero, como la memoria es limitada, hay nombres adquiridos y aun lenguas enteras que se extinguen poco á poco. Según la excelente observacion de Max Müller: «En cada lengua se nota una lucha incesante por la vida, entre los nombres y las formas gramaticales. Las formas mejores, más breves y más fáciles, tienden constantemente á supeditar á las demás y deben el triunfo á su valor inherente y propio.» A mi modo de ver se puede agregar á estas causas, la del amor á la novedad que tiene en todas las cosas el espíritu humano. Esta perpetuidad y conservacion de ciertas palabras y formas victoriosas en la lacha por la existencia, es una seleccion natural.

La construccion regular y por demás complexa de las lenguas de muchas naciones bárbaras, ha sido para algunos una prueba, ó de su origen divino, ó de la elevacion del arte y de la antigua civilizacion de sus fundadores. Así escribe F. von Schiegel; «A menudo observamos que la estructura gramatical de esas lenguas, que parecen ocupar el grado más inferior de cultura intelectual, está elaborada hasta un grado máximo. Esto sucede con el vascuence.» Pero es á todas luces inexacto el considerar una lengua como un arte, en el sentido de que hubiese podido ser elaborada y formada metódicamente. Los filólogos admiten hoy generalmente que las conjugaciones y declinaciones eran en su orígen distintos