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el orígen del hombre.

opinion pública, cultivada por la experiencia, ya que no las practican las tribus poco civilizadas.

Adelantando el hombre en civilizacion, y reuniéndose las pequeñas tribus en comunidades más grandes, la simple razon indica á cada individuo que debe extender sus instintos sociales y su simpatía á todos los miembros de la misma nacion, aunque los desconozca personalmente. Llegado á este punto, solo una valla artificial se opone á que sus simpatías se hagan extensivas á los hombres de todas las naciones y razas. Desgraciadamente la experiencia nos demuestra cuánto tiempo se necesita para que lleguemos á considerar como semejantes nuestros á los hombres de otras razas, que presentan con la nuestra una inmensa diferencia de aspecto y de costumbres. La simpatía que traspasa los límites de la que nos inspira el hombre, es decir la compasion por los animales, parece ser una de las adquisiciones morales más recientes; compasion que desconocen los salvajes, excepcion hecha de la que sienten por sus animales favoritos. Los abominables espectáculos de los circos prueban cuán poco desarrollado tenian los antiguos romanos este sentimiento. En cuanto he podido observar por mí mismo, casi todos los Gauchos de las Pampas carecen de la más leve idea de humanidad. Esta virtud, una de las más superiores del hombre, parece ser resultado accidental del progreso de nuestras simpatías, que, haciéndose más sensibles cuanto más se extienden, acaban por aplicarse á todos los séres vivientes. Una vez honrada y cultivada por algunos hombres, se propaga mediante la instruccion y el ejemplo entre los jóvenes, y se divulga luego en la opinion pública.

El mayor grado de cultura moral que podemos alcanzar, es aquel en que reconocemos que deberíamos ser due-