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COLÓN

son esos bardos refulgentes, maestros de la epopeya, dispensadores sublimes de la inmortalidad? Después de rebuscar mucho espacio en los archivos literarios de la nación, Navarrete no puede citar más que una inscripción fúnebre y una desdichada estrofa en honor del Héroe. La primera pertenece al clérigo Juan Castellanos;144 la estrofa se halla ingerida por Juan Meléndez en la oda titulada El deseo de la gloria, y tan ruin es de pensamiento como falsa de base.145

 »Téngalo Europa entendido: Si los Reyes de España no le parecen bastante agradecidos, es porque no conoce bien su historia. Navarrete se encarga de enseñárnosla.

 »Las lamentaciones de los extranjeros sobre los pretendidos infortunios de Colón, dice, son pura fantasía. Cierto que algunos funcionarios le suscitaron pesadumbres, pero siempre contra la intención y voluntad de los Reyes. Por otra parte, no es el tuerto tan grande como se piensa, atendiendo á que tampoco los méritos de Colón miden la altura que se les concede. En realidad, no tuvo otras condiciones reconocidas que la constancia y la fuerza de voluntad; en cuanto á la inventiva, al genio que se le atribuye, no