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do se proporcionaban las penas á los otros delitos, muy conforme á razón: bastando lo dicho para que se conozca, que no obraban sin ella estos indios, que al presente en su apagamiento nos parecen tan estólidos, ignorantes y bárbaros.




CAPITULO 17.º
De la conquista de las provincias de este Reino que ocupan las costas del Mar del Sur.

Entró Don Pedro de Al varado con su ejército en el Reino de Guatemala por la provincia de Soconusco: en ella tuvo que superar la resistencia de los indios de Tonalá y otros pueblos del partido de Soconusco: debelados éstos y subyugada la provincia, pasó á la de Zapotitlan, hoy Suchiltepequez, que también fué conquistada y los indios de Zapotitlan, obligados á rendirse á los Españoles y dar la obediencia á los Reyes de Castilla. De aquí pasó Alvarado á Quezaltenango, Utatlan, y últimamente llegó á Guatemala, donde fué recibido de paz, y agasajado por los Kachiqueles y fundó la Capital. Reposó en esta Ciudad algunos dias y refrescó el ejército, que bien lo necesitaba después de tantas guerras, sudores y fatigas.

En este tiempo recibió Don Pedro de Alvarado embajadas de varios Caciques de la nación Pipil, que habitaban las costas del Mar del Sur, ofreciéndose por vasallos del Rey de España; y estos indios informaron á Alvarado, que los de Escuintepeque ó Escuintla no dejaban pasar por sus tierras á los amigos de los cristianos, y que era gente perjudicial y dañosa á los vecinos. No fué menester mas para que Alvarado determinase hacer la guerra á dichos indios. Salió para esta espedicion con algunos soldados Españoles y muchos indios Kachiqueles: era la jornada trabajosa, porque como los naturales de Guatemala y los Pipiles no se trataban, estaban los caminos cerrados, y asi tuvo que irlos abriendo el ejército con inmenso trabajo, de suerte que gastaron un