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CUENTOS

vo sumida en el mortal silencio de siempre, no alterado sino por los perros que durante la noche levantan espeluznante concierto de aullidos, provocados por cualquiera sombra pasajera ó por ruidos que vienen de no se sabe donde, traídos por los ecos de las montañas. Y el grupo de Mauricio sobre la mula, cruzando como visión sepulcral por todas partes, ó como espanto de arrepentimiento después de tanta licencia y orgía, tuvo á los habitantes del pueblo en constante sobrexcitación, hasta el punto de creer que fuese aquel jinete extraño alguna encarnación del Diablo montado sobre una mula maldita.

Al fin, aquella horrible peregrinación debía concluir de alguna manera, y fué la mula de Mauricio la que dió el desenlance. Iban ya tres días de no reposar un instante, do no quitarse el freno ni de probar un bocado: llamábanla desde su pesebre lejano el pasto fresco y la necesidad de holganza, de revolcarse sobre la arena menuda y recobrar aliento.