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El Hombre sin Patria

En ninguna mesa agradaba tenerle de continuo, porque su presencia cortaba toda conversación sobre la patria o el regreso futuro, sobre política y literatura, paz o guerra; suprimiendo, en fin, más de la mitad de los temas que agrada tratar a los hombres durante una navegación. Pero se creyó siempre demasiado duro que le estuviera vedado reunirse siquiera alguna vez con nosotros más allá de un simple saludo; y adoptamos, por último, cierto sistema definido. No se le permitía conversar con los tripulantes a menos que hubiese algún oficial de por medio. Con los oficiales no existia restricción, naturalmente, hasta donde él y los otros quisieran extenderlo. Pero él se volvía más y más tímido, aunque tenía sus favoritos: yo era uno de ellos. Entonces el capitán le invitó a su mesa todos los lunes, y cada mesa le tomó un día por turno. Según las proporciones del barco, cada uno le tenía a su mesa con mayor o menor frecuencia. Tomaba el almuerzo en su camarote —siempre tenía su camarote particular— donde había un centinela o alguien de guardia para vigilar la puerta. Y todo lo demás que comía o bebía, lo tomaba solo. En ciertas ocasiones, cuando los marinos o la tripulación tenían algún día de fiesta, se les permitía invitar a "Plain Buttons" (Botones llanos), como le llamaban. Entonces enviaban a Nolan con algún oficial, y mientras se encontraba con ellos, tenían los hombres prohibición de hablar de la patria. Tengo para mí que el espectáculo de su castigo era moralizador. Llamábanle "Plain Buttons," porque aun cuando él prefería vestir el