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Cuentos Clásicos del Norte

vivieron han abandonado el lugar; de modo que al levantarse para sus rondas nocturnas no encuentran gente conocida a quien visitar. Ésta es quizá la razón por la cual tan rara vez oímos hablar de espectros, a no ser en aquellas antiguas comunidades holandesas.

Con todo, la causa inmediata del predominio de las historias maravillosas en aquellos sitios era, sin duda, debida en su mayor parte a la proximidad del valle encantado. Había una especie de contagio en el ambiente de esta poseída región; respirábase una atmósfera de quimeras y fantasías que infestaba todo el lugar. Varios habitantes del valle encantado se encontraban presentes en la reunión de Van Tássel y, como de costumbre, repetían sus salvajes y extraordinarias leyendas. Relatáronse muchos cuentos horrendos acerca de procesiones funerarias, sollozos y gemidos lamentosos, vistas y oídos respectivamente, cerca del gran árbol que crece en sus inmediaciones y bajo el cual hicieron prisionero al infortunado mayor André. Hablóse también de la mujer vestida de blanco que visitaba la obscura cañada de Raven Rock donde pereció entre la nieve, y cuyos alaridos se oían a menudo en las noches de invierno antes de alguna tempestad. La mayor parte de estas historias tornaba siempre, sin embargo, al espectro favorito del valle encantado, el jinete sin cabeza, de quien se había oído hablar varías veces últimamente en sus correrías a través de la comarca y que, según decían, maniataba su caballo por las noches entre las tumbas del cementerio de la iglesia.