Página:Cuentos de hadas.djvu/158

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De esas para quien no hay nada
Como los cuentos de amor.

Pero tú, que con tal gracia
Decir sabes lo que cuentas
Y á la vista lo presentas
Con singular eficacia,

Tú, que sabes que del modo
De contar, más que del tema,
La belleza de un poema
Depende, y el arte todo,

Has de oir con tu sonrisa
Y tu bondad natural
Un cuento, en que la moral
Anda en cuerpo de camisa.




Érase un buen leñador,
De cortar leña aburrido,
Que de vivir tan molido
Iba perdiendo el humor.

«¡Cielo impío! nunca oiste
(El muy bellaco exclamaba
Cuando la murria le daba)
La voz de mi pecho triste.»