Página:Cuentos de hadas.djvu/178

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—Tienes razon, dijo el Monstruo; pero además de ser feo, no tengo pizca de ingenio: bien sabido me tengo yo que soy un bestia.

—No es de bestias el creer que se carece de ingenio. Los bestias jamás llegan á conocerlo.

—Come, Linda, y procura no fastidiarte en tu casa; porque todo es tuyo, y no sabes el pesar que yo tendria de no verte contenta.

—Es V. en verdad muy bueno, dijo Linda; estoy contenta de su buen corazon, y cuando considero lo bondadoso que es V., tan feo ya no me parece V.

—¡Ah! sí, respondió la Fiera, tengo buen corazon, pero soy un monstruo.

—A pesar de la figura, le quiero á V. más que a los que debajo de la figura de hombres ocultan un corazon falso, corrompido é ingrato.

—No puedo contestarte con frases galanas, porque soy demasiado estúpido para aspirar á tanto; pero si te diré lisa y llanamente que te quedo muy reconocido.

Cenó Linda con muy buen apetito, y casi no le daba ningun miedo el Monstruo; pero creyó morir de espanto al oirle decir:

—¿Quieres casarte conmigo?

Linda contestó que nó, llena de susto, porque tenia miedo de incitar su rabia.

Al oir esta negativa el pobre mónstruo quiso exhalar un suspiro, y arrojó un silbido tan espantoso que retembló todo el palacio; pero Linda se recobró al instante, porque la Fiera le dijo con tristeza: